¿Operar de Alzheimer? En China lo hacen, pero los resultados son variables

La técnica consiste en conectar vasos linfáticos del cuello con venas para drenar residuos procedentes del cerebro.

Al azar

Una cirugía experimental para tratar el alzhéimer ha desatado una mezcla poco habitual de entusiasmo, escepticismo y expectación. La técnica, denominada anastomosis linfático-venosa cervical profunda (dcLVA), pretende mejorar la eliminación de líquidos y sustancias de desecho procedentes del cerebro. Algunos pacientes han experimentado recuperaciones sorprendentes, pero los investigadores advierten de que todavía no existen pruebas suficientes para afirmar que la operación detenga o revierta la enfermedad.

La historia comenzó en China con el cirujano Qingping Xie. En 2019, mientras operaba a una mujer con tinnitus, observó alteraciones en estructuras linfáticas profundas del cuello. Conectó vasos linfáticos con venas para crear una vía alternativa de drenaje. La paciente no solo mejoró del tinnitus: también aseguró haber recuperado agudeza mental. Aquella observación llevó a Xie a preguntarse si un problema de drenaje de residuos del cerebro podría estar relacionado con enfermedades neurodegenerativas.

Base científica

La hipótesis tiene una base científica interesante. Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro carecía de un sistema linfático convencional. Pero investigaciones posteriores identificaron vasos linfáticos en las membranas que recubren el cerebro. Otros trabajos habían descrito además una red de canales por la que circulan fluidos alrededor de los vasos sanguíneos y que contribuye a eliminar sustancias de desecho. Entre ellas se encuentran proteínas como beta-amiloide y tau, relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

La idea de la dcLVA es, por tanto, relativamente sencilla: si se facilita el drenaje en el cuello, quizá también mejore la eliminación de residuos procedentes del cerebro. Xie aplicó por primera vez la técnica a un hombre de 84 años con alzhéimer en 2020. Las imágenes posteriores mostraron una transformación espectacular: después de la intervención, el paciente recuperó capacidad para hablar, caminar y mantener conversaciones. El vídeo de su evolución contribuyó decisivamente a disparar el interés por la técnica.

Resultados muy variables

El problema es que un caso espectacular no demuestra que una intervención funcione. La mayoría de los primeros estudios realizados en China fueron pequeños, se llevaron a cabo en un único centro y carecían de grupos de comparación. En conjunto, algunos trabajos sugieren descensos de beta-amiloide y tau en el líquido cefalorraquídeo y pequeñas mejoras en pruebas cognitivas, pero los resultados son muy variables.

Además, existe una incógnita fundamental: ¿cuánto duran las mejoras? Algunos investigadores sospechan que el procedimiento podría proporcionar un alivio temporal sin modificar el proceso degenerativo que causa el alzhéimer. También desconcierta la rapidez con la que algunos pacientes parecen mejorar, porque todavía no se comprende qué mecanismo podría producir cambios cognitivos tan inmediatos.

Riesgos

La técnica tampoco está exenta de riesgos. Se trata de una cirugía microscópica que puede provocar infecciones, hemorragias o lesiones nerviosas, y además se realiza de maneras diferentes según el cirujano. Por ello, China restringió en 2025 su utilización a investigaciones clínicas aprobadas por comités de ética. Paralelamente, están comenzando estudios controlados en distintos países, algunos con grupos de comparación e incluso con cirugía simulada, necesaria para distinguir los efectos reales de la operación de las expectativas de pacientes y familiares.

La dcLVA se encuentra, en definitiva, en una fase preliminar. La hipótesis biológica es plausible; la evidencia clínica todavía no es concluyente. La investigación deberá determinar si mejorar el «drenaje» cerebral puede cambiar realmente la evolución del alzhéimer o si las extraordinarias recuperaciones observadas hasta ahora son casos excepcionales o respuestas transitorias. La respuesta podría tardar años, pero la pregunta abre una vía de investigación inesperada: quizá, además de estudiar las neuronas y las proteínas que las dañan, haya que prestar mucha más atención a cómo el cerebro elimina sus propios residuos.


Referencia

Nature 656, 286-289 (2026), doi: https://doi.org/10.1038/d41586-026-02448-x.


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