Uno de los principales desafíos de la astrofísica moderna es la detección directa de campos magnéticos exoplanetarios. En nuestro Sistema Solar, medir la magnetosfera de la Tierra o de Júpiter requiere sondas espaciales e instrumental in situ. Sin embargo, a distancias interestelares, las señales de radio o magnetosféricas de un exoplaneta son extremadamente débiles y quedan enmascaradas por la emisión de su estrella madre.
Un trabajo liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC/IEEC), y publicado en la revista Science, ha aportado la prueba más concluyente hasta la fecha de la presencia e intensidad del campo magnético de un exoplaneta.
Un Neptuno cálido que perturba a su estrella
El sistema estudiado es GJ 436, compuesto por una estrella enana roja de baja masa y GJ 436 b, un exoplaneta de tipo Neptuno cálido que orbita a muy corta distancia de su astro.
En la arquitectura de sistemas planetarios se asume que la estrella domina el entorno mediante radiación, viento estelar y gravedad. No obstante, cuando un planeta gigante o mediano orbita muy próximo a su estrella, se puede producir un fenómeno conocido como interacción estrella-planeta. En este escenario, las líneas de campo magnético del planeta y de la estrella pueden reconectarse, canalizando partículas cargadas y transfiriendo energía desde la magnetosfera planetaria hacia la atmósfera estelar.
Espectroscopía de alta resolución y periodicidad magnética
Para detectar este sutil efecto, el equipo científico analizó 16 años de observaciones recopiladas mediante espectroscopía de alta resolución utilizando los instrumentos CARMENES (instalado en el Observatorio de Calar Alto) y HARPS (de la ESA/ESO).
Los datos revelaron modulaciones periódicas en el brillo y en el flujo energético emitido por la cromosfera estelar (la capa media de la atmósfera de la estrella) en longitudes de onda específicas. La presencia de GJ 436 b inyecta energía en la cromosfera de la estrella, desencadenando un proceso comparable a las auroras polares terrestres, pero a escala estelar.
Un aspecto clave del descubrimiento es que esta señal no es continua: solo se detectó en los años 2008, 2016 y 2024. Este intervalo recurrente de ocho años coincide con el ciclo de actividad magnética de la estrella GJ 436. Esto demuestra que la interacción magnética solo se vuelve observable cuando el campo magnético de la estrella se encuentra en fases específicas de intensidad y configuración geométrica.
Intensidad del campo e implicaciones en la habitabilidad
Al comparar estas modulaciones cromosféricas con modelos teóricos de magnetohidrodinámica, los investigadores lograron calcular un parámetro extraordinariamente difícil de medir: la intensidad del campo magnético exoplanetario. Los resultados indican que GJ 436 b posee un campo magnético de entre 2,33 y 27 veces más intenso que el de Júpiter (el planeta con la magnetosfera más potente del Sistema Solar). Esto sugiere la presencia de una dinamo planetaria interna de gran eficiencia.
El hallazgo tiene implicaciones cruciales para la habitabilidad planetaria. Los campos magnéticos actúan como escudos protectores frente a la erosión producida por el viento estelar sobre las atmósferas. Un ejemplo claro lo ofrece nuestro propio sistema: mientras la Tierra ha mantenido su atmósfera e hidrosfera gracias a su dinamo magnética, Marte perdió la mayor parte de sus gases y agua tras apagarse su campo magnético global.
Este trabajo no solo confirma que los planetas pueden modificar activamente el entorno de sus estrellas, sino que consolida el uso de la actividad cromosférica estelar como una potente herramienta indirecta para caracterizar la magnetosfera de mundos extrasolares.
Referencia
D. Revilla et al., Constraining an exoplanet’s magnetic field using star-planet interactions. Science 393, 403-407 (2026). DOI:10.1126/science.adv3075.

