La pelvis de los neandertales varones se parecía a la de las mujeres actuales

La investigación se basó en una pelvis de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (Burgos, España).

Al azar

Durante décadas, los investigadores han considerado que la pelvis de los neandertales era una estructura particularmente peculiar, distinta de la de Homo sapiens y relacionada con alguna adaptación específica de estos humanos arcaicos. Un nuevo estudio publicado en Scientific Reports propone darle la vuelta a esa interpretación: la pelvis de los neandertales varones se parece en muchos aspectos más a la de las mujeres humanas actuales que a la de los hombres modernos.

La investigación usó dos pelvis masculinas de neandertal casi completas: una procedente de la cueva de Kebara, en Israel, y otra de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (España). Los investigadores (dirigidos por el israelí Yoel Rak y el español Juan Luis Arsuaga) las compararon con decenas de pelvis de humanos modernos.

El resultado más llamativo es que la configuración que durante mucho tiempo se había considerado una característica peculiar de los neandertales podría ser, en realidad, la condición ancestral que conservaron tanto los neandertales como las mujeres modernas. La gran modificación evolutiva habría tenido lugar posteriormente en los varones de nuestra propia especie.

El cambio estaría en las caderas

La clave se encuentra en la posición de las cavidades acetabulares, las zonas de la pelvis donde encajan las cabezas de los fémures y que constituyen las articulaciones de la cadera.

En los hombres modernos, estas articulaciones están situadas más hacia delante que en las mujeres actuales y que en los neandertales varones. Ese desplazamiento modifica considerablemente la mecánica de la marcha.

Según los autores, esta peculiar disposición habría convertido la pelvis masculina de Homo sapiens en una especie de mecanismo amortiguador y elástico. Al caminar, el centro de gravedad del cuerpo desciende ligeramente con cada paso. La geometría de la pelvis masculina permitiría que los músculos flexores del muslo absorbieran parte de esa energía, almacenándola temporalmente y devolviéndola después, como si fueran un muelle biológico.

Esta característica podría haber hecho más eficiente la locomoción, especialmente durante la marcha prolongada y de larga distancia.

¿Por qué las mujeres no desarrollaron la misma pelvis?

Aquí aparece otra cuestión evolutiva interesante. El estudio propone que las exigencias relacionadas con la reproducción y el parto habrían limitado la posibilidad de que la pelvis femenina adoptara esa configuración especializada.

Las mujeres modernas habrían conservado, por tanto, una disposición más antigua de la pelvis, mientras que los hombres de nuestra especie habrían evolucionado hacia una arquitectura anatómica diferente, asociada a una mayor eficiencia biomecánica durante la marcha.

Esto supone cambiar el punto de vista habitual. En lugar de preguntarnos por qué los neandertales tenían una pelvis tan extraña, los autores sugieren que deberíamos preguntarnos por qué los hombres de Homo sapiens desarrollaron una pelvis tan peculiar.

Una nueva mirada a los neandertales

El hallazgo también recuerda hasta qué punto las reconstrucciones de la evolución humana dependen de las comparaciones que hacemos entre especies y sexos. Una estructura que parece «extraña» cuando se compara con los hombres actuales puede dejar de parecerlo cuando se incorporan a la comparación las mujeres modernas y otros humanos del pasado.

La investigación no significa que hombres neandertales y mujeres modernas tuvieran pelvises idénticas, ni que los neandertales varones fueran anatómicamente equivalentes a las mujeres de Homo sapiens. La semejanza se refiere a determinadas proporciones y relaciones anatómicas, especialmente a la posición de las articulaciones de la cadera.

Pero la conclusión resulta sugerente: una parte de lo que durante décadas hemos interpretado como una peculiaridad neandertal podría ser, en realidad, una innovación evolutiva mucho más reciente de los hombres modernos. Y una de las piezas fundamentales de esa innovación estaría escondida en algo tan cotidiano como la forma en que nuestra pelvis hace posible cada paso que damos.


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