Qué es la arteritis craneal

Llamada también arteritis de células gigantes, puede producir dolor en las sienes, sensibilidad del cuero cabelludo e incluso dolor en la mandíbula al masticar

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La palabra arteritis describe, de manera general, la inflamación de una arteria. No designa por sí sola una enfermedad concreta, sino un conjunto de trastornos que pueden afectar a vasos sanguíneos de distinto tamaño y localización. La arteritis forma parte, además, de un grupo más amplio de enfermedades denominadas vasculitis, en las que el sistema inmunitario provoca inflamación de los vasos sanguíneos.

Una de las formas más conocidas es la arteritis de células gigantes (ACG), también llamada arteritis temporal o arteritis craneal. Afecta principalmente a personas mayores de 50 años y suele comprometer arterias de tamaño mediano o grande, especialmente las que recorren las sienes, aunque también puede afectar a otros vasos, incluidos los que llevan sangre al cuello, los brazos o la aorta. Un estudio español ha identificado el perfil genético de la enfermedad vinculado al mayor riesgo de esta.

¿Por qué se inflama una arteria?

La causa exacta de la arteritis de células gigantes no se conoce completamente. Todo apunta a que interviene una respuesta anómala del sistema inmunitario. La inflamación engrosa la pared de la arteria y puede estrechar su interior, dificultando el paso de la sangre. El nombre de la enfermedad procede de las «células gigantes» que pueden observarse al examinar microscópicamente el tejido inflamado, aunque su presencia no es imprescindible para establecer el diagnóstico.

El síntoma más característico es la aparición de un dolor de cabeza nuevo, con frecuencia en las sienes, acompañado de sensibilidad del cuero cabelludo. También pueden aparecer fiebre, cansancio, pérdida de apetito y malestar general. Un signo particularmente orientativo es el dolor en la mandíbula al masticar. En algunos pacientes aparecen alteraciones visuales, como visión doble o pérdida de visión.

Esto último hace que la enfermedad requiera especial atención: una arteritis de células gigantes no tratada puede provocar pérdida permanente de visión y aumentar el riesgo de otras complicaciones vasculares. Por ello, ante síntomas compatibles, el tratamiento no suele esperar a que se complete toda la investigación diagnóstica.

¿Cómo se diagnostica?

No existe una única prueba que confirme o descarte por sí sola la enfermedad. Los médicos combinan los síntomas y la exploración con análisis de sangre que permiten detectar inflamación, entre ellos la proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación globular. También pueden utilizarse técnicas de imagen, especialmente la ecografía Doppler de las arterias temporales, y en determinados casos se realiza una biopsia de la arteria temporal.

El tratamiento fundamental son los corticoides, administrados con rapidez cuando la sospecha es alta. Posteriormente la dosis se reduce gradualmente, porque el tratamiento puede prolongarse durante meses o incluso uno o dos años. En determinados pacientes se utiliza además tocilizumab, un medicamento biológico que permite reducir la exposición a corticoides.

No existe una única «arteritis»

La arteritis de células gigantes es solo una de las enfermedades que reciben este nombre. Otra es la arteritis de Takayasu, que afecta sobre todo a la aorta y sus grandes ramas y aparece característicamente en personas mucho más jóvenes. (MedlinePlus)

Además, la arteritis de células gigantes mantiene una estrecha relación con la polimialgia reumática, un trastorno inflamatorio que produce dolor y rigidez, sobre todo en hombros, cuello y caderas. Ambas enfermedades pueden presentarse juntas.

En definitiva, «arteritis» no es un diagnóstico único, sino una denominación que engloba diferentes enfermedades inflamatorias de las arterias. La arteritis de células gigantes merece especial atención porque, aunque es tratable, la rapidez con que se reconoce y se inicia el tratamiento puede marcar la diferencia entre conservar o perder la visión.

¿Hay forma de prevenirla?

No se conoce actualmente ninguna forma clara de prevenir la arteritis de células gigantes. Su causa tampoco está clara y parecen intervenir factores genéticos y ambientales. La edad y determinados antecedentes aumentan el riesgo, pero no son factores que podamos modificar.

Por ello, lo más importante es la detección precoz: ante un dolor de cabeza nuevo y persistente, dolor mandibular al masticar o alteraciones de la visión, especialmente después de los 50 años, se debe buscar atención médica rápidamente. El tratamiento temprano puede evitar la pérdida de visión.


Fuentes: MedlinePlus (1, 2)

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