De cómo un padre salvó a su bebé gracias a su teson y a… la silicona

En medicina, uno de los primeros usos de silicona con mayor éxito y trascendencia fue la solución de un problema de hidrocefalia de un bebé norteamericano de pocos meses de edad. Es una historia de cómo un padre se aplicó con toda su voluntad e ingenio a salvar a su hijo y, de paso, a otros que tuvieran la misma enfermedad en el futuro. La cuentan Jim Curtis y André Colas en un artículo sobre los usos médicos de la silicona en el libro Biomaterials Science, An Introduction to Materials in Medicine.

Un bebé con una derivación Spitz-Holter desde el cerebro a la yugular para drenar líquido cefalorraquídeo (Boockvar, 2001)

El bebé Charles Case “Casey” Holter había nacido el 7 de noviembre de 1955 con un defecto producido en el tubo neural en las primeras semanas del embarazo de su madre. En diciembre, Casey había contraído meningitis y los cirujanos del Hospital Infantil de Filadelfia subsanaron el defecto. Pero unas semanas más tarde, la hidrocefalia hizo que la cabeza del niño se hinchara por la acumulación de líquido cefalorraquídeo (LCR). En aquellos tiempos había pocas opciones para tratar esta complicación y la mayoría de los bebés no la superaba. Lo que se hacía era drenar diariamente el LCR a través de las fontanelas (espacios entre los huesos del cráneo que no se han fusionado por completo todavía). Así que el médico Eugene Spitz implantó un catéter de polietileno en la cabeza de Casey para drenar el exceso de LCR hacia una aurícula del corazón.

Es necesario que el LCR sea drenado cuando la presión del LCR en el cerebro supera cierto nivel. Pero para eso se necesita una válvula que evite el reflujo cuando las presiones se igualan. En la Universidad de Pennsylvania, Spitz había adquirido en 1952 experiencia clínica en neurocirugía y había empleado unas válvulas desarrolladas por la Fundación Johnson (una rama de Johnson & Johnson). Así que fue esta válvula la que implantó inicialmente en la cabeza del pequeño Casey. Pero daba problemas porque con frecuencia se obstruía con tejidos.

El padre de Casey, John Holter, cuya profesión era operador de maquinaria industrial, desesperado al ver que los médicos no podían curar a su hijo, quiso ayudar, por lo que pidió detalles al médico sobre la función de la válvula, la naturaleza del LCR y las presiones involucradas. El facultativo le explicó que se necesitaba “una válvula unidireccional eficaz” que fuera estable en el cuerpo humano. La necesidad es la madre de la invención y aguza el ingenio, y este es un ejemplo conmovedor.

El padre se metió en el taller de su garaje y no salió hasta construir un prototipo de válvula a partir de dos preservativos de caucho y unos tubos flexibles. Sin embargo, el autoclave hizo que el material se encogiera un poco, lo que causaba fugas en la válcula. Holter discutió el problema de la contracción con una empresa de caucho local. El jefe del departamento de investigación de la misma sugirió al padre del bebé enfermo que reemplazara el caucho natural con un material térmicamente estable conocido como silicona. Holter pudo obtener finalmente elastómero de silicona y los tubos necesarios, ofrecido todo ello gratuitamente por la empresa química Dow Corning.

Primer prototipo de la válvula de derivación Spitz-Holter (Boockvar, 2001).

En marzo de 1956, Holter creyó que la válvula estaba lista. Pero en ese momento su hijo estaba demasiado enfermo como para someterse a una cirugía, por lo que el implante de aplazó. No obstante, el médico Spitz vio que el dispositivo era prometedor y realizó con éxito la derivación ventriculoauricular en otro niño hidrocefálico. En abril, Casey ya estaba lo suficientemente estable y le pudieron implantar la válvula. Tuvo tanto éxito que su producción comenzó ese mismo verano. Fue denominada válvula o derivación Spitz-Holder. A finales del siglo XX este artefacto de silicona se seguía fabricando prácticamente sin cambios.

(Imagen de cabecera: John Holter travabando en su válvula de noche; Boockvar, 2001)


Esta información se ha extraído del

BIBLIOGRAFÍA

  • Jim Curtis y André Colas, “Medical applications o silicones”, en Biomaterials Science, An Introduction to Materials in Medicine, capítulo II.5.18, 3ª edición. Academic Press, 2012.
  • Boockvar et al., Development of the Spitz-Holter valve in Philadelphia, J. Neurosurg., 2001, 95, 145–147.