sábado, 31 enero 2026

No sabemos entender muchas de las señales de nuestras mascotas

Se dice que los gatos de poca edad pueden utilizar hasta 9 formas diferentes de vocalización, desde seductoras hasta amenazantes, entre maullidos, ronroneos, gruñidos o silbidos; los gatos adultos llegan a producir hasta 16. Aparte de eso, los gatos muestran una amplia gama de señales visuales: mover la cola de lado a lado o elevarlas en el aire, abrir mucho los ojos, frotarse contra nuestras piernas, erizar el pelo, agacharse, aplanar las orejas…

Lógicamente en teoría podríamos entender lo que quiere un gato a partir de estas señales, pero en la práctica se demuestra que no siempre es así, como lo demuestra un reciente estudio publicado en revista Applied Animal Behavior Science, en el que se encontró que las personas eran significativamente peores a la hora de leer las señales de un gato infeliz (casi un tercio se equivocó) que las de un gato contento.

El estudio también sugirió que los maullidos y otras vocalizaciones de un gato se malinterpretan en gran medida y que las personas deberían considerar señales tanto vocales como visuales para tratar de determinar qué está pasando con sus mascotas.

Según un artículo publicado en The New York Times, incluso algunas de las señales más comunes podemos malinterpretarlas. Por ejemplo, ronronear no siempre es una señal de estar feliz y sentirse cómodo, sino que en ocasiones manifiesta incomodidad o estrés. Cuando un gato está estresado, o incluso herido, a veces ronronea. Es una forma de calmarse a sí mismo.

La misma falta de comprensión se aplica a las señales visuales en los perros. La gente tiende a percibir el movimiento de la cola como una manifestación de felicidad del animal. Pero no se fija en que hay muchas señales diferentes y sutiles que se pueden emitir con la cola, según se mueva más hacia la izquierda o hacia la derecha, la velocidad del movimiento, la posición de la cola por encima o por debajo de la línea media… Algunos señales son efectivamente de felicidad, pero otras pueden ser advertencia previas a una agresión. 

El hábito de un gato de morder a la persona podría ser una manera de expresar su frustración por no entender la persona lo que el animal quiere decirle.

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