sábado, 10 enero 2026

El doctorando B. Keeling indaga sobre un rasgo definitorio de nuestra especie: la barbilla

El estadounidense de Illinois Brian Keeling es un estudiante de doctorado en Antropología adscrito a la Universidad de Binghamton, aunque actualmente se encuentra en una estancia de investigación en la Universidad de Alcalá de Henares gracias a una beca Fulbright que consiguió.

Su especialidad, desde el punto de vista paleoantropológico, es la mandíbula, y especialmente el mentón o barbilla, que es uno de nuestros rasgos más característicos, ya que somos los únicos simios que tenemos barbilla y los únicos humanos en los que el hueso sobresale de manera tan prominente debajo de la boca, formando el mentón. 

Brian Keeling (Universidad de Binghamton)

La barbilla nos caracteriza como especie

Podría pensarse que lo que nos diferencia de otros homínidos es el tamaño del cerebro, o la estructura de la garganta que nos permite hablar, o la disposición de los pulgares que nos facilita la fabrican herramientas, o nuestra postura erguida… Pero no, porque otros homínidos comparten la mayoría de estas características de una manera u otra. Sin embargo, ni los neandertales ni otras especies primas de la nuestras tienen mentón.

Reconstrucción del «primer neandertal de los Países Bajos» (Varias fuentes de Internet).

Al parecer, hasta la fecha no se ha desarrollado ninguna teoría convincente sobre por qué el H. sapiens desarrolló un mentón. Es un viejo debate en paleoantropología y de eso versa la tesis doctoral de Keeling. En ella trata de resolver dudas sobre por qué algunos de nosotros tenemos una mandíbula con un mentón prominente mientras que otros tienen uno menos notable, o por qué las mandíbulas de los humanos modernos tienden a ser más pequeñas que las de los humanos prehistóricos, o si existe una relación biomecánica que pueda explicar la forma de nuestra mandíbula.

Keeling planea ampliar su estudio a especies anteriores a los neandertales, incluidos los ancestros de los neandertales descubiertos en el complejo de cuevas de la Sierra de Atapuerca (Burgos, España).

Fotografías de la mandícula del hombre de Bañolas publicadas en 1915 por Pere Alsius i Torrent, primer investigador que la estudió.

El hombre de Bañolas

Los rostros de los neandertales difieren principalmente de los nuestros en unos arcos superciliares muy marcados, una parte media de la cara protuberante y una mandíbula sin mentón óseo. Los puntos de unión ósea de nuestros músculos masticadores también están colocados de manera un poco diferente a los de los neandertales.

Keeling estudió en profundidad una mandíbula de uno de los primeros fósiles humanos modernos documentados en Europa. Desenterrada en Bañolas (Gerona, España) en 1887, tradicionalmente era considerada neandertal, pero hoy día se apuesta más bien por que pertenecía a un individuo del género Homo, pero de especie incierta.

Reconstrucción de la mandíbula del Hombre de Bañolas (Brian Keeling).

Junto a figuras destacadas de la paleoantropología como Rolf Quam, Ignacio Martínez Mendizábal, Juan Luis Arsuaga Ferreras y Julià Maroto Genover, Brian Keeling publicó en 2023 un estudio sobre esta mandíbula en la que los autores llegan a la conclusión de que, aunque ciertas evidencias apoyan la adscripción del hombre de Banyoles a Homo sapiens, la carencia de mentón hace dudar de esa conclusión. Y subrayan que, si bien esta falta de estructura de barbilla podría explicarse por la mezcla con una forma arcaica de Homo no neandertal, no se ha identificado ninguna población de este tipo en el registro fósil europeo del Pleistoceno Tardío, y los fósiles europeos del Pleistoceno Medio que carecen de características neandertales son anteriores a la mandíbula de Bañolas en al menos 300000 años.

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