sábado, 10 enero 2026

Cómo se podría evaluar la conciencia de los animales

La posibilidad de que los animales posean conciencia ha sido respaldada por estudios sorprendentes. Por ejemplo, se ha observado que las abejas muestran un comportamiento “pesimista” tras experiencias estresantes, que los sepíidos pueden recordar el pasado y planificar el futuro, y que los peces lábridos limpiadores parecen reconocerse en un espejo. Si tales hallazgos fueran aceptados como evidencia de conciencia, las implicaciones serían profundas, afectando tanto a la neurociencia como a las políticas de bienestar animal.

Uno de los principales obstáculos para evaluar la conciencia animal es la falta de una teoría ampliamente aceptada y una definición precisa de este fenómeno. Existen al menos 22 teorías sobre la conciencia, pero ninguna es completamente segura. Ante esta incertidumbre, los investigadores parten de experiencias humanas conocidas, como la percepción del color, las emociones y la imaginación, para explorar posibles dimensiones de la conciencia en otras especies.

El «problema de otras mentes»

El estudio de la conciencia en animales se enfrenta al llamado «problema de otras mentes», una cuestión filosófica que John Stuart Mill formuló en 1889: ¿cómo podemos saber si otros seres tienen pensamientos y sensaciones? Una solución parcial a este dilema es el razonamiento por analogía, que se basa en observar similitudes de comportamiento y estructura entre humanos y animales. Este método, aunque no ofrece certeza absoluta, es una estrategia válida en la ciencia para inferir la presencia de conciencia.

Un tipo particular de razonamiento empleado en la ciencia es la inferencia abductiva, que permite extraer la mejor explicación posible a partir de los datos disponibles. En humanos, la manifestación de ciertos comportamientos suele implicar experiencias conscientes, por lo que cuando se observa un comportamiento similar en animales, es razonable suponer que también puede estar vinculado a la conciencia, aunque con diferentes niveles de confianza según la especie.

Marcadores observables

Dado que no hay una teoría definitiva sobre la conciencia, los científicos han optado por estudiar marcadores observables en diferentes dimensiones de la experiencia subjetiva, como el dolor, la percepción visual o el sentido del yo. Para determinar si un marcador es válido, se analiza si aparece en humanos en situaciones donde hay conciencia y si puede encontrarse una versión equivalente en otras especies.

Uno de los marcadores más estudiados es el dolor, cuyos indicadores han sido identificados en vertebrados e invertebrados. En roedores, pruebas como la preferencia condicionada de lugar sugieren que evitan estímulos nocivos porque les generan una sensación desagradable, del mismo modo que lo haría un humano. En aves, los pollos cojos aprenden a automedicarse con analgésicos cuando experimentan dolor, lo que indica una posible percepción consciente del sufrimiento.

En reptiles, pitones inyectadas con capsaicina muestran cambios de comportamiento que indican malestar. Anfibios como las ranas poseen estructuras neuronales asociadas con el dolor en mamíferos, y peces han demostrado evitar estímulos negativos tras haberlos experimentado previamente.

Los invertebrados también han mostrado señales de dolor. Los pulpos cambian su preferencia de ubicación cuando una sustancia irritante se aplica en su entorno y luego se alivia con anestesia. Los cangrejos ermitaños, al recibir descargas eléctricas dentro de sus caparazones, son menos propensos a abandonarlos si son de alta calidad, lo que sugiere una evaluación del dolor frente a otros beneficios. Además, las abejas pueden recordar experiencias térmicas desagradables y sopesarlas en decisiones futuras, un comportamiento más complejo que una simple respuesta refleja.

Sin embargo, algunos argumentan que estos comportamientos pueden ser explicados sin necesidad de postular una experiencia consciente, sino simplemente a través de mecanismos inconscientes de procesamiento de información. Para avanzar en este campo, se han desarrollado nuevos enfoques que distinguen entre procesos conscientes e inconscientes en humanos y luego buscan versiones análogas en otros animales.

Un avance reciente en la investigación de la conciencia animal es la «Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal», firmada en 2024 por más de 500 expertos, que reconoce la posibilidad de conciencia en una amplia variedad de especies. Aunque la mayoría de los estudios se han centrado en el dolor, los investigadores están explorando otros marcadores, como la alegría en ratas y abejas.

El futuro de esta disciplina depende del desarrollo de mejores métodos para diferenciar los procesos conscientes de los inconscientes. Hasta que se obtengan pruebas más concluyentes, la ciencia debe mantener una mente abierta y seguir investigando, con la esperanza de construir teorías más sólidas sobre la conciencia animal y su distribución en el árbol de la vida.


Fuente: Kristin Andrews et al. Evaluating animal consciousness. Science 387, 822-824(2025). DOI:10.1126/science.adp4990.

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