sábado, 21 febrero 2026

Notas sobre un homenaje a Diego del Gastor en su pueblo natal, Arriate (Málaga)

Celebrado el 15 de marzo de 2025, fue una iniciativa de la Asociación Cultural "Rincón Flamenco” de Arriate

José Domínguez Hoyos »

Como dice el Eclesiastés, libro por cierto muy mal leído y peor interpretado por clérigos y cultos, pues el libro es una reflexión sobre el determinismo cosmológico, aunque también una embestida fiera a la vanidad, y, además, un carpe diem a lo hebraico, en efecto: todo tiene su tiempo y el homenaje (no solo el recuerdo) que el pueblo de Arriate, deudo de Diego del Gastor, le debía, se hizo sensible hace dos días en La Parchite. Llegó su tiempo 117 años después en el pueblo en el que nació. Sirvan estás líneas, renglones si torcidos o derechos, ustedes dirán, a acompañar fraternalmente el digno homenaje organizado por esta peña arriateña. Permiso y favor pido para ejercer de cronista del mismo. A tal vamos con toda la humildad, no solo por captar la benevolencia del aficionado flamenco que lo lea; sino porque, más que crónica, será elogio de todo lo sucedido, menos de la intervención del alcalde, un chico simpático, con mucha prisa, un muchacho escurridizo al que llamaban otras obligaciones y pronto se fue. Tenía otros actos, dijo. Vamos a lo nuestro, que es el flamenco. La diplomacia está muy cerca de la hipocresía y yo no lo soy, por muy institucional que fuese el acto.

Foto: Asociación cultural «Rincón Flamenco de Arriate» / Manuel Pérez Márquez.

Todo, pues, empezó con una conferencia del señor Don Manuel Martín Martín. Martín es el verdadero erudito en Diego del Gastor, de una excelsa honradez intelectual, todo lo noticioso lo contrasta, toda leyenda sobre Diego está sopesada minuciosamente. Cualquier exageración o deficiencia en el decir de los aficionados, es corregida y balanceada con equilibrio y con el fiel oscilante ya quieto en sus palabras y juicio. Hubo mucho más que periodismo o flamencologia en su conferencia recordatoria de Diego del Gastor: la sinceridad de su elocuencia en el acto también tenía un buen ritmo. El ritmo en el lenguaje, como en la música, es la repetición de secuencias auditivas análogas, que Martín acompasó con el motivo y el contenido de su conferencia, manteniéndonos en vilo solemne y ávidos de aprender de ella.

Foto: Asociación cultural «Rincón Flamenco de Arriate» / Manuel Pérez Márquez.

Tras lo anterior ya empezó el toque de Paco Gastor. ¡Olé! desde el principio.

Esta guitarra pertenece a la órbita solar y venusiana. Me explico, alumbra como un sol azulado la belleza más remota de un no se qué temblorosamente gitano. En mí produce sinestesias de locuras que he de bridar para que la razón no se me desboque. Las caballerías que tanto debió conocer el tartarabuelo del niño, el padre de Diego, están en la guitarra, con sus lomos iluminados por las estrellas en los rastrojos esperando el amanecer.

Monumento a Diego del Gastor en El Gastor (Cádiz), donde transcurrió la niñez del cantaor / Foto: Pedro Bohórquez

Hay tres tipos de toques (no hablo en su desarrollo técnico, sino en su devenir simbólico), esto es, el toque solar, el toque minótico y el toque olímpico. Muchas veces este último confundido con un atletismo digital que se aleja de lo puro flamenco. Los tres, a la vez, pueden impulsar el espíritu del tocaor en su desenvolvimiento como artista. De esa triple virtud nos hizo tremolar por dentro Gastor Paco. Pusimos mucha atención a la guajira por bulerías, acompañada por las palmas de su madre y tía. Qué bien medido el ritmo, qué bien, como matemáticas intuitivas en las palmas: arte y constancia que hay detrás, ritmo y compás consustancializado en el cerebro y las manos y la guitarra alumbrando. Ya dije: es guitarra que no solo suena, alumbra. En lo más puramente musical para mí el arte es sinestesia. Lo que suena se ve, lo que se ve eidéticamente, suena. Lo que se oye va desde ahí, desde el oído a la mirada interior y desde ahí a eso que, sin saber qué es, llamamos alma. Entonces, cuando el flamenco corre su curso, su licenciamiento sonoro es diploma en el alma, alma había en ese cruce de guajiras por bulería. Esa encrucijada musical jalonada por el alma del tocaor y su madre y tía. En algún momento del acto el abuelo de Gastor Paco tiró su sombrero al modo panegírico de los buenos gitanos. Y no era solo cosas de abuelo al nieto, era justamente la epifanía del alma. En el toque de Gastor Paco casi nunca hay furor en sus arpegios (quizás su expresividad no la necesite), ni fuga tampoco: la intrepidez sonora se hace mansedumbre de mediodía. Esta égida señaladora de los herederos musicales de Diego se distingue de otros toques, nada desdeñables, por supuesto, pero distintos. En Diego hubo mucho sol y caballerías pastueñas, que aún picadas por el tábano, siguen moviéndose con gracia. Si el toque de Diego fue siempre tan agradable es porque llevaba un candil en la oscuridad y la tamiza azulada y minotáurica que ata los dedos de Diego del Gastor a Gastor Paco es la misma determinación de un estrato superpuesto en el dédalo flamenco.

Muda el tiempo, cambian los gustos, aparecen toques de vértigo, hay dedos tan voladores que parecen caduceos mercuriales, pero el toque esencialmente flamenco, es el mismo, con esas modificaciones fenomenológicas del hociqueo del paso de los años. Pero como Gastor Paco es joven aún le queda toda una ilíada artística en la que pugnar con las cuerdas; pues la guitarra es, a veces, un largo pugilato que incluso anega el sueño escenográficamente. Soñar con sonidos (no lo digo alegóricamente sino en sentido literal) suele ocurrir cuando el músico, el instrumentista está en la briega de ese pugilato sonoro del cuerpo. El abuelo de Gastor Paco así lo señaló, llamándolo locura, pero no es vesania, sino la proyección del trabajo artístico incluso cuando se duerme, la hiperestesia musical.

El corolario de este homenaje a Diego del Gastor vino desde el arte de Dani de Utrera. Tiene una virtud (entre otras muchas) este artista: la simpatía, esto es, el salto imaginativo por el cual sabe interpretar el sentir de los otros, y en este caso el sentir de los que asistíamos a este homenaje tan intenso. Fue su actuación festiva, balsámica y aliviadora… Justa y de quien conoce muy bien esos modos flamencos tan característicos de Utrera, tan reconocibles tan prontamente para los aficionados. El público de Arriate y de la serranía de Ronda salió muy contento. Diego del Gastor es guitarrista dilecto de muchos e hijo predilecto del pueblo que lo trajo a la luz. Ojalá que Diego desde los balcones del oriente pudiera haber visto cómo su sol musical nos sigue alumbrando.

Foto: Asociación cultural «Rincón Flamenco de Arriate» / Manuel Pérez Márquez.

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