viernes, 30 enero 2026

Demostrado científicamente: la meditación personal transforma a uno… y a los demás

Escuchar las noticias cada día puede resultar desmoralizante. Las historias de guerra, violencia o conflicto social generan una sensación creciente de agotamiento y desesperanza. No es raro que muchos sientan que sus acciones no marcan ninguna diferencia. Algunos psicólogos describen este fenómeno como una especie de indefensión aprendida, especialmente en contextos como los tiroteos masivos o la polarización política.

En este escenario, la meditación surge como una práctica con un potencial transformador que va más allá del bienestar individual. Durante más de 20 años, la neurociencia ha documentado cómo la meditación ayuda a cultivar la calma, mejorar el estado de ánimo y generar cambios profundos en la forma en que las personas se relacionan consigo mismas y con el mundo.

Efecto de onda social

Sin embargo, existe un aspecto menos conocido y especialmente relevante en estos tiempos: la meditación no solo beneficia al practicante, sino que también puede influir positivamente en quienes lo rodean. A pesar de que muchos movimientos de bienestar promueven una visión muy individualista del cuidado personal, hay cada vez más evidencia de que la meditación tiene efectos sociales secundarios. Este fenómeno se relaciona con lo que la ciencia llama el efecto de onda social: la idea de que el comportamiento, el estado de ánimo o incluso las actitudes de una persona pueden extenderse a través de la gente que la rodea.

Diversos estudios han mostrado que las personas que meditan con frecuencia desarrollan una mayor empatía, son más altruistas y muestran menos prejuicios hacia grupos marginados, como personas sin hogar o con obesidad. En un experimento clásico, quienes habían recibido solo ocho semanas de entrenamiento en meditación eran mucho más propensos a ceder su asiento a alguien con un aparente dolor físico, en comparación con quienes no habían meditado.

Pero ¿por qué ocurre esto? Una explicación es que la meditación entrena la atención plena, lo que permite al practicante percibir con mayor claridad el sufrimiento ajeno. Además, al aprender a manejar sus propias emociones difíciles, la persona se vuelve más capaz de acercarse al dolor de otros sin sentirse abrumada. Un estudio de 2023 reveló que las personas meditadoras mostraban mayor preocupación por el sufrimiento de los demás, mientras que quienes no practicaban estaban más centrados en su propio malestar.

Los beneficios también se observan en contextos profesionales. En un estudio reciente, médicos entrenados en meditación mostraron menor ansiedad al comunicarse, mayor confianza en los demás y menos inclinación a practicar medicina defensiva, es decir, tomar decisiones por miedo a demandas más que por criterios médicos. Estos cambios se tradujeron en mejores relaciones médico-paciente y, en última instancia, en una atención sanitaria de mayor calidad.

Aunque los estudios sobre meditación aún no han analizado directamente su efecto como “onda social”, otros trabajos sugieren que cambiar a unas pocas personas clave en un grupo humano puede tener efectos multiplicadores. Si enseñar hábitos saludables a individuos bien conectados puede diseminar conocimiento, no sería descabellado pensar que la compasión y la calma también puedan propagarse de forma similar.

En un mundo que muchas veces parece imposible de cambiar, estas investigaciones nos recuerdan que mejorar nuestro propio bienestar puede impactar también en los demás. Quizás, cultivar la paz interior sea una forma sencilla y poderosa de empezar a transformar el entorno.


Fuente

Mariah G. Schug: Meditation’s Benefits Stretch Beyond the Person Who Meditates | Scientific American

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