La malaria continúa siendo una de las enfermedades infecciosas más mortíferas del planeta. Cada año causa alrededor de 600 000 muertes, en su mayoría entre niños pequeños. Durante las últimas décadas, medidas como las mosquiteras impregnadas de insecticida y el control de los mosquitos han contribuido a reducir su impacto, pero desarrollar una vacuna capaz de proporcionar una protección duradera y fiable ha resultado extraordinariamente difícil.
Ahora, un estudio publicado en Science presenta una estrategia experimental que podría abrir una nueva vía. En ratones, los investigadores consiguieron una protección frente a la malaria que se mantuvo durante 21 meses, un periodo especialmente prolongado para estos animales.
Mecanismo infeccioso del Plasmodium
La malaria está causada por parásitos del género Plasmodium, que llegan al organismo humano a través de la picadura de mosquitos infectados. El proceso comienza cuando el mosquito introduce en la sangre unas formas del parásito denominadas esporozoítos. Estos se dirigen rápidamente al hígado, donde se multiplican y se transforman en merozoítos.
Es entonces cuando comienza la fase responsable de los principales síntomas. Los merozoítos abandonan las células hepáticas y pasan a infectar los glóbulos rojos, donde se multiplican. La destrucción de estas células y la respuesta del organismo provocan los episodios de fiebre y otros síntomas característicos de la enfermedad, que en los casos graves pueden resultar mortales.
La nueva estrategia aprovecha precisamente este ciclo vital. Los investigadores administraron a los ratones una pequeña cantidad de esporozoítos vivos de Plasmodium. En circunstancias normales, el parásito habría continuado su desarrollo hasta provocar una infección. Pero los animales recibieron simultáneamente un fármaco que bloqueaba determinadas proteínas del parásito que son necesarias para que los merozoítos puedan abandonar el hígado. El resultado es una especie de parásito «desactivado» en el momento adecuado. El Plasmodium puede iniciar su desarrollo y estimular intensamente el sistema inmunitario, pero queda incapacitado para completar la fase que conduce a la enfermedad.
No se utiliza un antipalúdico convencional cualquiera, sino una nueva clase de fármacos que bloquea proteínas esenciales del parásito durante su fase hepática. En concreto, los investigadores emplearon compuestos dirigidos contra las plasmepsinas IX y X (PMIX y PMX), unas enzimas del Plasmodium —las proteasas aspárticas— que son necesarias para que el parásito complete su desarrollo y pueda pasar de las células del hígado a la sangre.
La estrategia se denomina quimioatenuación (chemo-attenuation) y es ligeramente diferente de una vacuna tradicional. El fármaco no es propiamente la vacuna. Actúa como una especie de «freno» que permite utilizar un parásito vivo como vacuna sin dejar que complete la parte peligrosa de su ciclo. Los pasos son:
- Se administra una dosis baja de esporozoítos vivos y virulentos de Plasmodium.
- Los parásitos llegan al hígado y comienzan allí su desarrollo.
- Se administra el fármaco inhibidor de PMIX/PMX.
- El Plasmodium queda bloqueado en la fase hepática tardía. Puede generar las señales suficientes para provocar una potente respuesta inmunitaria, pero los merozoítos resultantes no pueden completar correctamente el proceso que les permitiría invadir los glóbulos rojos.
- El sistema inmunitario queda así entrenado contra una infección posterior. Los autores llaman a los parásitos resultantes «merozoítos hepáticos quimioatenuados».
La diferencia con una vacuna al uso es radical. Una vacuna convencional intenta presentar al sistema inmunitario elementos del agente infeccioso para que aprenda a reconocerlo sin que exista una infección peligrosa. En este caso, en cambio, los científicos utilizan parásitos vivos cuyo ciclo infeccioso ha sido químicamente bloqueado.
Respuesta inmunitaria
La respuesta inmunitaria generada resultó sorprendentemente eficaz. Incluso cuando los ratones fueron posteriormente expuestos repetidas veces a dosis elevadas de esporozoítos, su sistema inmunitario consiguió impedir que la enfermedad llegara a establecerse. Y lo hizo durante un periodo de hasta 21 meses.
Naturalmente, todavía queda un largo camino antes de saber si esta estrategia funcionará en seres humanos. Los resultados obtenidos en ratones no garantizan que una vacuna tenga la misma eficacia, duración o seguridad en personas. El siguiente paso será comprobar su seguridad y eficacia clínica en humanos.
Pero el concepto podría tener implicaciones que van más allá de la malaria. Los autores de una perspectiva publicada junto al estudio señalan que la ingeniería genética podría permitir modificar Plasmodium para que presente al sistema inmunitario antígenos procedentes de otros agentes patógenos.
En teoría, el parásito podría convertirse así en una especie de vehículo para entrenar nuestras defensas frente a múltiples enfermedades. Los investigadores llegan a plantear una posibilidad todavía más ambiciosa: utilizar esta tecnología para actuar simultáneamente contra varios patógenos que afectan al hígado, incluidos algunos virus, o incluso frente a enfermedades no infecciosas como el cáncer hepático.
Por ahora, todo esto pertenece al terreno de las posibilidades futuras. Pero el resultado conseguido en ratones demuestra algo importante: un parásito que normalmente provoca una enfermedad mortal puede convertirse, si se bloquea su ciclo en el punto preciso, en una herramienta para enseñar al sistema inmunitario a combatirlo.
Referencias
- Miguel Prudêncio, Maria M. Mota, A boost for chemical vaccination against malaria. Science 393, 661-662 (2026). DOI: 10.1126/science.aek0196.
- Ryan W. J. Steel et al., Chemovaccination with a late-liver-stage antimalarial induces durable immunity against malaria. Science 393, eaea 7605 (2026). DOI: 10.1126/science.aea7605.

