Los cuerpos cetónicos son compuestos químicos que nuestro organismo produce para utilizarlos como combustible alternativo cuando la fuente principal de energía no está disponible.
En condiciones normales, las células de nuestro cuerpo —y muy especialmente nuestro cerebro— se alimentan de glucosa, que obtenemos directamente de los carbohidratos que ingerimos (como el pan, la pasta, las frutas o los tubérculos). Sin embargo, ¿qué ocurre cuando dejamos de comer o reducimos al mínimo el consumo de estos alimentos? El cuerpo no se detiene; activa un plan de emergencia.
Cuando falta la glucosa
Cuando las reservas de glucosa se agotan (tras varias horas de ayuno o ante un esfuerzo prolongado), el páncreas reduce la producción de insulina y el cuerpo recurre a su mayor depósito de reserva: las grasas. El hígado toma esos ácidos grasos y los transforma en pequeños fragmentos solubles en agua llamados cuerpos cetónicos (principalmente acetoacetato, beta-hidroxibutirato y acetona). Este proceso se conoce como cetonemia o cetoacidosis fisiológica, aunque el estado general se denomina simplemente cetosis.
Una vez liberados al torrente sanguíneo, estos compuestos viajan hacia los tejidos que más energía demandan, como el corazón, los músculos y el cerebro. Este último es un órgano especialmente exigente: aunque no puede consumir grasas directamente porque no cruzan la barrera hematoencefálica, los cuerpos cetónicos sí logran atravesarla sin problemas, garantizando que nuestra mente se mantenga despejada y funcional incluso en periodos de escasez de comida.
Dieta ceto
Es justamente en este mecanismo metabólico en el que se basa la famosa dieta cetogénica (o dieta ceto). Este plan de alimentación reduce drásticamente el consumo de carbohidratos (normalmente a menos del 5 % al 10 % de las calorías diarias) y eleva la ingesta de grasas saludables y proteínas moderadas. Al privar de forma continua al cuerpo de su combustible primario, lo «forzamos» a mantenerse en un estado metabólico de cetosis inducida. De este modo, en lugar de almacenar grasa, el organismo se convierte en una máquina eficiente para quemar grasas y generar cuerpos cetónicos de manera constante para obtener toda su energía.

