El informe Veganism Around the World 2025, publicado por The Vegan Society, ofrece una fotografía bastante singular de los hábitos alimentarios mundiales. Y, si se sigue el rastro de los datos, España aparece en una posición poco compatible con la imagen internacional de la dieta mediterránea: es uno de los países con menor presencia del vegetarianismo y el veganismo entre los países analizados, al tiempo que mantiene una enorme producción y consumo de productos de origen animal.
Conviene, sin embargo, hacer una precisión desde el principio. El informe, desde luego, no permite afirmar rigurosamente que España sea «el país menos vegetariano del mundo». Las fuentes utilizadas son heterogéneas, las muestras de algunas encuestas son pequeñas y los propios autores advierten de que las cifras de vegetarianismo y veganismo no son directamente comparables entre países. Pero sí permiten sostener algo más modesto y bastante llamativo: España se encuentra en el extremo inferior de la clasificación cuando se la compara con los países considerados en el informe.
El 1% que coloca a España en el extremo inferior
Uno de los datos más contundentes del informe es el relativo al vegetarianismo. En la comparación internacional que maneja The Vegan Society, España aparece con un 1% de vegetarianos, el mismo porcentaje que Portugal y Rusia. En el extremo opuesto se encuentran India, con un 30%, y México, con un 19%. En veganismo, India y México aparecen también a la cabeza, con un 9% cada uno.
La diferencia es enorme: si esas cifras fueran estrictamente comparables, el porcentaje de vegetarianos en India sería treinta veces el español. Pero aquí hay que frenar cualquier tentación de convertir el dato en un ranking mundial exacto. El propio informe advierte de las diferencias metodológicas y de los reducidos tamaños muestrales de algunas fuentes.
Además, otras fuentes ofrecen cifras diferentes para España. Por ejemplo, una estimación reciente sitúa en torno al 1,7% la población vegetariana y en el 0,7-0,8% la vegana. Y la propia The Vegan Society recogía en 2025 una estimación mucho más amplia: un 11,1% de españoles seguirían una dieta flexitariana, vegetariana o vegana. La clave de la diferencia podría estar entonces en que en España abunda el «flexitarianismo», es decir, la alimentación predominantemente vegetal que no excluye por completo la carne, el pescado, los huevos o los lácteos pero reduce su consumo de forma deliberada.
La conclusión sensata, por tanto, no es que exactamente el 99% de los españoles coma carne, sino que el vegetarianismo estricto es todavía minoritario en España y figura entre los porcentajes más bajos de los países comparados por el informe.
Un país que produce muchísimos animales… y también los exporta
La fotografía resulta todavía más interesante cuando se pasa de la dieta a la economía agroalimentaria. España figura en el puesto 20 —el último— de la lista de los 20 mayores productores mundiales de productos de origen animal que presenta el informe. A primera vista parece una contradicción: ¿cómo puede un país supuestamente poco vegetariano ser el último productor animal de una lista de 20 países representativos?
La respuesta es que esa clasificación está expresada en toneladas totales, no por habitante. Y aquí la India constituye precisamente el ejemplo que obliga a interpretar correctamente los datos. India encabeza esa clasificación, pese a tener una proporción extraordinariamente elevada de vegetarianos. Pero su enorme población y, sobre todo, su gigantesca producción láctea hacen que las toneladas acumuladas sean colosales. The Vegan Society señala que India produce más del doble de leche que Estados Unidos, segundo productor, y que su industria láctea es también responsable indirectamente de una considerable producción de carne de búfalo.
Por tanto, producción animal y vegetarianismo no son magnitudes inversamente proporcionales. Un país puede producir enormes cantidades de alimentos animales destinados a la exportación y, simultáneamente, tener un porcentaje considerable de vegetarianos. Eso es particularmente importante en el caso español.
El cerdo: la gran especialización española
Si hay un producto que caracteriza a España en las estadísticas del informe es el porcino. España aparece como el principal exportador neto de carne de cerdo del mundo, con un saldo de aproximadamente 2,11 millones de toneladas en 2023, ligeramente por delante de Estados Unidos. Brasil ocupa el tercer lugar. No se trata solamente de una potencia exportadora. El cerdo ocupa también un lugar extraordinariamente importante en la dieta española. En los datos de FAOSTAT de 2022 utilizados por el informe, España aparece con unos 55,2 kg por habitante y año de disponibilidad de carne de cerdo, una cifra muy superior a la de pollo (33,3 kg) y vacuno (13,7 kg).
Eso sí permite hablar de una especialización particularmente marcada hacia el porcino, aunque sería excesivo afirmar que los españoles «eligen» el cerdo frente a las demás carnes sin considerar precios, industria, exportaciones, transformación alimentaria y estructura productiva.
Los datos nacionales más recientes confirman la importancia del producto. En 2024 los hogares españoles consumieron 9,3 kg de carne fresca de cerdo por persona, a los que se añaden 9,3 kg de productos transformados —una parte sustancial de ellos derivados del cerdo—.
Y hay una diferencia fundamental entre los dos conjuntos de datos: las cifras de FAOSTAT son de disponibilidad alimentaria, mientras que las del Ministerio de Agricultura se refieren al consumo de los hogares. No deben confundirse.
¿Qué ocurre con el pescado?
En la clasificación de The Vegan Society, el pescado y el marisco están incluidos entre los productos animales. En la tabla de consumo de FAOSTAT correspondiente a 2022, España disponía de unos 42,4 kg por habitante de pescado y productos del mar. Es una cifra extraordinariamente elevada: supera ampliamente la media mundial y está entre las mayores de Europa. Los datos más recientes del Ministerio de Agricultura muestran que en 2024 los hogares españoles consumieron 18,0 kg por persona de productos de la pesca, de los que 9,3 kg fueron pescado y el resto mariscos, moluscos, crustáceos y conservas.
Por todo ello, cabe decir que España no es un país de consumo bajo de productos animales; es un país de consumo diversificado de productos animales, con una combinación particularmente importante de carne, pescado, lácteos y huevos.
De hecho, el pescado representa una parte extraordinariamente significativa de la ingesta española de productos animales. Un análisis de la contribución de los alimentos al aporte de yodo, por ejemplo, estimó que pescado, leche, huevos y carne proporcionaban conjuntamente el 62% del yodo dietético en España, con el pescado por sí solo aportando el 32%.
Por tanto, sí: el elevado consumo de pescado ayuda a explicar por qué España presenta una composición peculiar de su dieta animal, aunque no explica por sí solo su posición.
Aparentes paradojas
Hay una trampa estadística importante en el informe: España aparece en el puesto 19 de los 20 países con mayor consumo total de productos animales por habitante; solo Israel queda por debajo. Eso no significa que España sea un país de bajo consumo de carne. Significa que, dentro de un grupo seleccionado precisamente por su elevado consumo de productos animales, España ocupa uno de los extremos inferiores.
Y aquí se produce la aparente paradoja que llama la atención al examinar el informe: España es poco vegetariana, pero no aparece entre los países que más productos animales consumen per cápita. La explicación es que la clasificación suma ocho categorías: carne de ave, vacuno, porcino, ovino y caprino, otras carnes, pescado y marisco, lácteos y huevos. No se está comparando solo «carne frente a verduras».
Además, las diferencias entre países son enormes. Portugal, por ejemplo, combina también un consumo extraordinariamente elevado de pescado con un elevado consumo de carne; en los datos de 2022 utilizados por FAOSTAT alcanzaba unos 57,2 kg de pescado y marisco y 152,6 kg de carne y pescado conjuntamente. España se situaba en 148,3 kg en esa misma suma.
México e India: dos excepciones que desmontan los tópicos
La comparación con México es especialmente interesante. The Vegan Society coloca a México, junto con India, en el extremo superior del vegetarianismo y veganismo: 19 % de vegetarianos y 9 % de veganos en las cifras que recoge el informe. Pero el propio informe muestra una cautela extraordinariamente reveladora: en la encuesta específica realizada por sus autores, México obtuvo cifras muchísimo menores —solo un 1% de veganos y ningún vegetariano entre los encuestados—. Esto demuestra hasta qué punto no debemos convertir una cifra aislada en una verdad sociológica sobre un país entero.
India ofrece el caso contrario: una gran población vegetariana coexistiendo con una gigantesca industria ganadera y láctea. No hay contradicción si se distingue entre producción, comercio y consumo individual.
España representa otro modelo: una sociedad en la que el vegetarianismo estricto sigue siendo pequeño, mientras existe una potente industria ganadera y exportadora y una dieta que combina cantidades importantes de carne, pescado, lácteos y huevos.
España no es «la menos vegetariana del mundo», pero sí resulta llamativa
El informe de The Vegan Society no permite proclamar, con rigor, que España sea uno de los países menos «vegetarianos» del planeta. Las fuentes son demasiado heterogéneas para semejante afirmación. Pero sí permite una conclusión interesante y mucho más sólida: España aparece sistemáticamente en la parte baja de las comparaciones de vegetarianismo, mientras presenta una economía agroalimentaria de enorme dimensión y un consumo elevado y variado de productos animales.
Y hay una peculiaridad especialmente española: el protagonismo simultáneo del cerdo y del pescado. El primero explica buena parte de la especialización ganadera y exportadora de este país; el segundo contribuye a que el patrón español de consumo animal no pueda reducirse al tópico de un país simplemente «muy carnívoro».
En 2024 los hogares españoles consumieron, por persona, 41,6 kg de carne, 18,0 kg de productos de la pesca y 8,9 kg de huevos, mientras que frutas y hortalizas siguieron teniendo también un peso considerable: 79,4 kg de fruta fresca y 67,1 kg de hortalizas y patatas frescas.
Quizá, por tanto, la mejor descripción de España no sea la de un país que «come mucha carne y poca verdura», sino la de un país todavía escasamente vegetariano, con una dieta omnívora muy arraigada y una extraordinaria diversidad de productos animales, en la que el cerdo y el pescado ocupan posiciones especialmente destacadas. Y eso resulta bastante más interesante —y bastante más fiel a los datos— que limitarse a colocar a España en un supuesto último puesto mundial del vegetarianismo.
Fuentes
- The Vegan Society (1, 2)
- dea.lib.unideb.hu
- Mercasa (1, 2)
- PubMed Central (PMC)
- Wikizero
- Faunalytics

