Así fue la primera visita a España de Marie Curie, en 1919 (1)

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La popular química y física francesa de origen polaco Marie Salomea Skłodowska Curie, ganadora de dos premios Nobel (de Física en 1903 por sus trabajos sobre la radiactividad y de Química en 1910 por el descubrimiento del radio y del polonio) realizó tres visitas a España: en 1919, en 1931 y en 1933. Esta es una crónica de lo que fue la primera a partir de los ejemplares de prensa histórica conservados en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España que se citan más abajo. Dividimos el trabajo en tres partes:

I. La Ciencia
II. Los fastos
III. Las conclusiones


* * *

 

I. La Ciencia

Anuncio de la visita

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imageEl diario España Médica anunció en septiembre de 1918 la visita de la famosa científica para participar en una conferencia del primer Congreso Nacional de Medicina español, si bien la fecha que dio para tal acontecimiento no se cumplió, postergándose para abril de 1919. Reproducimos una parte del artículo que aporta un valioso testimonio sobre la personalidad de la química francesa, ya que la firmante, la intelectual feminista española Margarita Nelken (derecha, pintada por Romero de Torres) asistió a algunas conferencias de Marie Curie en la Universidad parisiense de la Sorbona.

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marie curie triplenlace.comMás bien menuda, joven aún o, mejor dicho, todavía no vieja, con el pelo echado hacia atrás y recogido en un moño cualquiera, vestida casi pobremente, con traje de lana negra; madame Curie, en su curso de la Sorbona, parecía una estudiante rusa que hubiese ocupado por una vez el puesto de profesor. Entraba, y nadie se daba cuenta de ello. Tan tímida, tan «borrosa» como era, y ya había dibujado varias figuras en la pizarra, cuando se advertía su presencia. Se la aplaudía, ella, volvíase entonces hacia el auditorio, saludaba con una sonrisa triste, y limpiaba cuidadosamente unas manchas de tiza que tenía en la blusa. Luego, con la vista baja o vuelta hacia la pizarra, explicaba su curso, sencillamente, sin declamar ni hacer gestos, con una voz monótona y bien timbrada, sin corregirse, sin vacilar jamás. Se la oía distintamente, a pesar de que no hablaba muy alto, y se la sentía muy penetrada de sus palabras, «llena» absolutamente del tema que desarrollaba.

Su acento extranjero la hacía aún más distante de su ambiente, de todo lo que la rodeaba, y parecía, en verdad, una mujer que «recitase» sus pensamientos interiores sin cuidarse de los que estaban delante. El curso, que empezaba, puntualmente, a la
una y media, duraba, a veces hasta las tres, y era este curso tan sencillamente explicado a gentes de apariencia sencilla uno de los cursos más célebres del mundo: el curso explicado por madame Curie sobre la radioactividad.

El primer Congreso Nacional de Medicina

alfonso xii y maria cristina mediodia.orgEl primer Congreso Nacional de Medicina de España, al que asistió Madame Curie, se celebró finalmente en abril de 1919. Fue inaugurado a las tres de la tarde del domingo día 20 por el rey Alfonso XIII, con la presencia de la reina madre María Cristina y muchas autoridades políticas y académicas como el rector de la Universidad Central, el bioquímico José Rodríguez Carracido y el senador y profesor de Fisiología de aquella Universidad José Gómez Ocaña, que fue el presidente de aquel congreso, desempeñando la secretaría general el médico Florestán Aguilar.

Se habían inscrito 4.102 personas, la mayoría de ellos médicos españoles, aunque con una buena representación de portugueses e iberoamericanos. Marie Curie vino con sus hijas, Irène (que en 1935 obtuvo también un Nobel de Física, junto a su marido) y Ève. El diario La Época afirmó que “raras veces se ha reunido en España maravilla científica tan admirable”. Paralelamente al congreso se celebró una Exposición de Medicina e Higiene que inauguró a las cuatro y media de ese mismo día el Rey en el Palacio de Exposiciones del Retiro.

El mismo día de la inauguración Madame Curie, fue invitada, como estrella que era de aquel encuentro científico, a pronunciar unas palabra. Así lo hizo, en francés, durante 5 minutos, aprovechando para agradecer al Rey “la protección dispensada á las familias francesas” durante la Primera Guerra Mundial. Según El Liberal del 21 de abril, cuando le tocó le turno al monarca, este se dirigió en estos términos:tan prosaicos y militaristas a los médicos reunidos:

Es cada vez más precisa la Facultad de Medicina, que en breve tendréis. Ese Hospital y esa Facultad de Medicina, que son tan necesarios, ¿sabéis lo que suponen? Pues lo mismo, en lo que al gasto se refiere, que un acorazado de 12.000 toneladas. ¡Yo creo que merece la pena que se dé a la clase médica española un acorazado!

Y a Marie Curie le respondió así:

Y a vos, señora, ¿cómo no he de agradecer su presencia en representación de la ciencia francesa? ¿Y cómo no he de agradecer cuanto habéis dicho sobre la obra de España en favor de los prisioneros? Yo no hice más que cumplir con mi deber; tenía que hacer algo para ahorrar sufrimientos a mis semejantes y realicé lo que estaba en mi nano.

En este mismo ejemplar de El Liberal podemos leer una crónica firmada por G. M., iniciales que creemos que responden al nombre de uno de los más completos médicos españoles de todos los tiempos: Gregorio Marañón, ya que es sabido que escribió en ese periódico:

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El rey en la mesa presidencial, rodeado de los uniformes relucientes de su séquito, de los sabios extranjeros –muchos de ellos vistiendo todavía la ropa de la guerra–, de los catedráticos embutidos en su toga amarillenta, de las más altas representaciones de la medicina española. Muchas luces, mucho calor y mucho entusiasmo. […]

Pero ha habido un momento lleno de emoción que hará inolvidable este acto cuando el rey ha concedido la palabra a madame Curie, y, en nombre de la Universidad de París, se ha levantado de su asiento esta mujer gloriosa, quizá la más alta cima de la ciencia contemporánea, orgullo de Francia, de la raza latina y del mundo entero. Delgada y pálida, vestida de negro, sin un solo adorno, tocada de un sombrerillo breve, al ponerse en pie se han oscurecido todos los esplendores del teatro (…).

Ha hablado cinco minutos tan solo, con una voz delicada y dulce, pero segura, sin una contracción de su rostro, sin más que una leve y amable acción de sus manos, llena de modestia y a la vez de firmeza, como si hablase desde arriba, segura de la única superioridad que todos acatan y que acerca más a sí a los demás hombres.

La emoción con que se la ha oído, los aplausos que se le han tributado, han sido bien distintos de los demás. Los médicos de España saben que está entre ellos, que ha salido del reposo de su laboratorio para estar unas horas entre ellos, una mujer sublime, a quien rodea toda la gratitud y la veneración de la Humanidad entera.

imageLa condición femenina de la investigadora francesa fue destacada por quienes en aquella época luchaban por el reconocimiento de la valía de la mujer en todos los campos. Así, la periodista malagueña Isabel Oyarzábal (izqda.), presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, firmaba el 22 de abril en El Sol un artículo con su habitual seudónimo de Beatriz Galindo (personaje histórico del último tercio del siglo XV y primeros del XVI, preceptora de la reina Isabel la Católica y que por su vasto saber era conocida como La Latina, denominación que ha quedado en un barrio de Madrid). Extractamos dicho artículo:      

Madrid se honra contando entre sus huéspedes, siquiera por breves días, a una de las figuras más notables del mundo científico moderno, a la mujer de mayor significación de nuestra época.  […]

Sería poner en duda la cultura de las lectoras de El Sol hacer en este momento una relación detallada de los méritos de madame Curie (…)

Más que su personalidad científica (…) interésanos como mujer, como prueba indiscutible y potentísima de lo que es y puede ser el cerebro femenino. Marie Curie es el mentís más señalado y rotundo que se puede oponer a la absurda y falaz teoría, que sustentan algunas personas, acerca de la inferioridad mental de la mujer. Que no puede considerarse como dueña de un entendimiento mediocre quien, como Marie Curie, mereció tan altas distinciones (…)

No obstante lo que ya de por sí suponen tales distinciones, madame Curie no consiguió, cuando se presentó al efecto su candidatura, ser nombrada miembro de la Academia de Ciencias de París, y a la verdad que apena el que hubiera en estos tiempos quien se opusiera a una plena y generosa apreciación del valer de una mujer de tan indiscutible talento y competencia.
Día vendrá, sin embargo, en que desaparezcan todos los obstáculos que se han venido oponiendo en este como en todos los terrenos al reconocimiento de la igualdad mental de los sexos; entretanto, no faltan hombres, de suficiente grandeza de espíritu, que celebren y estimen como se merecen los éxitos obtenidos por una mujer. […]

Por nuestra parte, solo nos resta extender un cordialísimo saludo de bienvenida a la representante oficial de la Francia científica en el Congreso de Medicina de Madrid, a la mujer modesta, cuyo único fin es pasar inadvertida y a cuyo enorme talento debe el mundo uno de los grandes descubrimientos de que puede enorgullecerse la ciencia moderna.

El artículo terminaba animando a las mujeres a investigar en Química:

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La conferencia plenaria de Marie Curie en el Congreso de Medicina

El martes 22, a las tres de la tarde, en el anfiteatro del colegio de San Carlos, Marie Curie dictó la conferencia que había sido invitada a dar, titulada El radium y sus aplicaciones. Estuvo unas dos horas en el uso de la palabra, pero la pronunció tan bajito que la mitad del público no se enteró de mucho. A pesar de ello, según se deduce de las crónicas periodísticas, los asistentes mantuvieron sus ojos embelesados en aquella delgada figura que hacía experimentos en el estrado ayudada por su hija, que mostraba fotografías proyectadas en una pantalla (una gran novedad en aquellos tiempos) y presentaba al auditorio un tubo de radio mientras defendía sus maravillosas propiedades y la necesidad imperiosa de que el mundo se pusiera a producir grandes cantidades de este elemento porque lo consideraba una especie de panacea. Marie Curie no sabía en aquellos instantes que el radio cura si se usa adecuadamente, pero que lo más normal que hace es matar, e ignoraba que ella misma estaba contrayendo las dosis de radiación que probablemente acabaron con su vida (murió 15 años más tarde de anemia aplásica, si bien no puede decirse que hubiera vivido poco teniendo en cuenta las penurias de la época y las condiciones de su trabajo: 66 años y medio).

primer congreso nacional de medicina triplenlace.com 6A la conferencia asistió la reina María Cristina. Su hijo Alfonsito probablemente hubiera dado cualquier cosa por empaparse de ciencia en oportunidad tan única, pero es de suponer que desgraciadamente más altas ocupaciones lo llamarían.

Como hemos dicho, la laringe de Madame Curie no era capaz de proyectar su voz muchos metros más allá de ella, y estos disgustó a algunos periodistas. El corresponsal de La Acción decía en su crónica del día 22: “Madame Curie comienza a hablar, tan bajo, que casi no llega su voz a la mesa donde redactamos estas cuartillas, lo cual dificulta extraordinariamente nuestra labor”. Comentó que, no obstante, “los asistentes al acto siguen con gran atención la peroración de Madame Curie, que, por medio del aparato de proyecciones, presenta unas fotografías curiosísimas de las emanaciones de radio. Hizo funcionar varios aparatos, con los que practicó varios experimentos, para demostrar las propiedades del radium y de las sustancias que gozan de radiactividad, como el actinuem (sic] y el torio”.

Un Dr. Eleizegui firmó en El Heraldo una crónica en la que calificaba la conferencia de “lección de altos vuelos”: pero probablemente el firmante sabía poco de química y excusó dar más detalles porque “su conferencia no encuadra dentro de la característica de una reseña de periódico”. Afirmaba este médico-periodista que “en silencio religioso, se oía nada más qué ese aleteo que tan pocas veces conmueve a la muchedumbre y que es el de la admiración”. O sea, que no oyó nada. Tampoco se enteró muy bien del apellido de la polaca, a la que llamó Sklodgwaska en vez de Skłodowska. Es como si un polaco escribiera Eilezuieg en vez de Eleizegui.

El cornista del El Imparcial (23/4/1919) decía:

Madame Curie viste muy sencillamente, con una elegante sencillez que denota en ella la mujer de talento excepcional a la vez que las exquisiteces de un refinado feminismo. Pero Mme. Curie habla tan suavemente, tan dulcemente,. que aun a los que tuvimos la suerte de hallar una butaca cerca de la oradora nos cuesta gran dificultad e! seguirla en su oratoria. Otra circunstancia de Mme. Curie es la monotonía del discurso, mejor aun, de.su manera de decir. En un tono pianísimo y grave comenzó su interesante disertación y en el mismo tono terminó, después de dos horas de ininterrumpida “causerie” acerca del cuerpo descubierto por ella en colaboración con su
sabio esposo.

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El corresponsal de El Sol (23/4/1919) también tuvo dificultades para seguir la conferencia:

La distancia a que nos han colocado de la disertante hace difícil que podamos oír. Los reporteros de la Prensa nos vemos imposibilitados de trasladar a las cuartillas lo que Mme. Curie va manifestando.

No obstante, parece que hizo un esfuerzo y captó cosas interesantes:

Desde el punto de vista industrial habló sobre la acción del “radium” en la maleabilidad de los metales. […]

Una de las afirmaciones más interesantes hechas por Mme. Curie fue la de asegurar que si bien es cierto que el “radium” y el “mesotorium” son dos cuerpos distintos, una vez unidos adquieren tales condiciones de afinidad que es imposible distinguir el uno del otro. […]

Estableció la clasificación de las radiaciones emitidas por los cuerpos dotados de radiactividad, señalando las propiedades correspondientes a cada grupo de rayos “alfa”, “beta”, “gamma”.

Dio a conocer los cuerpos de donde procede el “radium”, y señalando diferencias y caracteres, haciendo minuciosa descripción de los métodos y procedimientos a seguir para llegar a la obtención del cuerpo nombrado. […]

Terminó su conferencia Mme. Curie estudiando las propiedades comparadas del “radium” , del uranio y del “torium”, así como los procedimientos de obtención de las sustancias radígenas, explicando detalladamente los maravillosos resultados que pueden obtenerse en las aplicaciones del “radium”.

En La Época del día 22 encontramos otra crónica de la que extractamos unos párrafos:

El anfiteatro se veía totalmente ocupado por asambleístas y personalidades de la ciencia medica, asistiendo también muchas señoras. (…)

Con acento sencillo, y en términos de simpática modestia, que produjeron á la concurrencia una emoción gratísima y que contrastaban con la grandeza de su figura científica, Madame Curie narró detenidamente las penosas circunstancias en que hubo de comenzar el estudio de su invento, unida entonces por la admiración al que luego había de darle su nombre [Pierre Curie, su esposo, que compartió con ella el Nobel de 1903 y murió en un desgraciado accidente en 1906].

En 1898, los esposos Curie lograron, después de muchos intentos infructuosos, aislar la substancia activa del uranio, torio, arsénico, antimonio y parte del plomo, sublimando en el vacío la mezcla de sulfuros de bismuto de plomo y del nuevo metal. Así obtuvieron una materia cuatrocientas veces más activa que el uranio, a la que bautizaron con el nombre de polonio. Continuando sus investigaciones, llegaron a encontrar mezclas en cuya composición entraban el bario y otro metal de propiedades singularísimas, al cual denominaron radio  Desde entonces, conseguida ya una verdadera revolución en la ciencia mundial, los esposos Curie siguieron introduciendo mejoras en su invento, hasta llegar a dotarle de las portentosas propiedades que hoy posee.

image_thumb[1]La conferenciante estudió paso a paso la marcha de las investigaciones practicadas constituyendo su disertación una admirable lección científica. Después; ayudada por su hija y utilizando el aparato de proyecciones, mostró gráficamente los efectos del radio sobre el electroscopio, cuya descarga produjo repetidas veces en diversas formas  y desde considerable distancia. Dio también á conocer las alteraciones que sufre el cristal por la acción del radio. Como es sabido, el frasco que encierra á dicho metal toma un pronunciado tinte violáceo, pasando el oxígeno del aire al estado dé ozono por la simple influencia de los rayos que emanan.

Madame Curie practicó varias y notabilísimas experiencias y terminó proyectando vistas del pobre laboratorio donde, en unión de su esposo, comenzó a estudiar con firme Voluntad la forma de
conseguir el victorioso resultado que había más tarde de otorgar á ambos la más legítima gloria que los modernos tiempos registran.

Interrumpida varias veces por los aplausos de la concurrencia, la ilustre inventora y su hija fueron ovacionadas con entusiasmo indescriptible al final de la disertación.

La Reina Doña Cristina conversó afablemente con madame Curie, a quien la Facultad de Medicina entregó en homenaje una hermosa “corbeille” de flores.

Los reporteros de los periódicos gráficos impresionaron varias placas del acto.

 

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“La ilustre profesora de la Universidad de Paris Madame Curie, descubridora del radio, durante la interesantísima conferencia que dictó en la Facultad de Medicina el 22 del actual, ante numerosos congresistas, entre los que se encontraba S. M. la Reina Doña Cristina. Foto Alfonso” (Mundo Gráfico. 30/4/1919)

 Quizá la crónica más interesante y personal, con algunos tintes de agnosticismo religioso, la escribió G. M. (¿Gregorio Marañón?) en El Liberal (23/4/1919). Extractamos algunos párrafos:

Mientras el vasto anfiteatro se iba llenando de médicos, de hombres de ciencia, de mujeres –no tantas como debieran haber ido– la gran investigadora, ayudada de su hija, disponía aquí y allá sus aparatos, con esa ligera seguridad que da el uso cotidiano de las técnicas. […]

Pocas veces la ciencia pura habrá despertado en un auditorio tan numeroso y heterogéneo tanta expectación.. Ni una sílaba se perdía, ni un movimiento de sus manos manejando los tubos llenos del metal extraordinario.

Ha hablado cerca de dos horas, sin fatiga y sin emoción, como si expresase en voz alta y en la soledad sus meditaciones. De vez en cuando, un experimento de naturaleza fantástica ilustraba su narración. Seguida de su hija, deslizaba entre los aparatos su figura, en la que el genio y la austeridad han ido desvaneciendo el sexo, para continuar después, en pie detrás de la mesa, su discurso, con las manos cruzadas o prendidas en la cadena de oro que, como único adorno, pende de su cuello.

Al final, ha hecho proyectar dos fotografías que ha comentado con la voz por un instante turbada. Representan la fachada y el interior de un pequeño pabellón de madera. Por fuera parece la barraca de una feria; por dentro, el taller de unos obreros pobres: unas mesas y unos bancos de tablas, y unos aparatos mezquinos. Pues allí han trabajado “ellos” durante los primeros años de lucha, cuando nadie les comprendía ni les ayudaba, cuando solo los sostenía la fe. Toda la obra fundamental del radio ha salido de ahí, y ahora, la directora del soberbio Instituto del Radio nos lo muestra llena de orgullo y emoción para que aprendamos todos, y singularmente los españoles, que la ciencia la hacen los hombres, donde sea, en una buhardilla, cuando tienen el genio investigador, y no los laboratorios, por ricos que se construyan y se doten. […]

A un lado, en sillones rojos, estaban el decano, el rector, el presidente del Congreso y la reina Cristina, que no distraía un punto de madame Curie la fina atención de sus impertinentes.

En un rincón, un grupo de monjas escuchaba también, llenas de asombro, a esta santa fecunda de una religión que ellas desconocen, que en lugar de contemplar a Dios le arranca sus secretos y los reparte entre los hombres.

image_thumb[20]No es descartable que la emoción que sintió ll señora Curie cuando se refirió a los primeros trabajos con su marido se debiera a que la celebración del congreso coincidió con un triste aniversario para ella: el de la muerta de Pierre Curie  (lo recordó el diario El Sol del 23 de abril).

El “radium” en España

Hemos de mencionar que, en la fecha del aquel congreso, el radio ya era utilizado por algunos especialistas médicos españoles (lo llamaban “radium”), como lo atestiguan estos títulos de contribuciones presentadas al congreso (El Liberal, 23/4/1919)

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(¿Qué sería con el tiempo de aquellos pacientes, conejillos de Indias,  a los que estos ilustres médicos les dieron radiactividad para “curarles” una dermatosis?)

imageAdemás, la muestra de radio que Marie Curie utilizó en su conferencia, aunque lo más probable es que hubiera sido sintetizada por ella misma en su Instituto del Radio de París, era propiedad del doctor Celedonio Calatayud (izqda.), uno de los más importantes asistentes al congreso, introductor de la radioterapia en España y fundador, precisamente en aquellas fechas de la visita de Madame Curie, de la Real Sociedad Española de Radiología y Electrología Médicas (SEREM) disciplina de la que fue primer catedrático en la Universidad Central. La “sabia” francesa visitó el instituto de radiología médica del doctor Calatayud el 23 de abril, al día siguiente de su conferencia.

La SEREM se constituyó el día 25, siendo nombrada Marie Curie presidenta de honor de la entidad, ejerciendo ya como tal en la sesión inaugural. Según informó La Acción del día 26, la francesa recibió del doctor Calatayud “un artístico pergamino” que acreditaba su título. En aquella ocasión el propio doctor Calatayud disertó sobre el estado de las aplicaciones terapéuticas de la radiactividad y el “radiumterapeuta” portugués Decio Ferreira habló de lo mismo pero refiriéndose específicamente al radio. Finalmente, la señora Curie tomó la palabra para animar a los médicos españoles a practicar esta nueva terapia. Finalizado el acto, la sencilla Marie Curie no hizo ascos a un banquete en el hotel Ritz organizado en su honor.

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Visita de Marie Curie al instituto radiológico del doctor Calatayud

En resumen, la prensa dedicó mucho espacio tipográfico a este congreso. Algunos periódicos, como El Sol, daban información diaria sobre los trabajos.de las distintas secciones (25/4/1919).

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La Exposición de Medicina e Higiene

Cono quedó dicho más arriba, paralelamente al congreso de Medicina se celebró una Exposición de Medicina e Higiene para enseñar al público los últimos adelantos tecnológicos en este ámbito. Los militares contribuyeron significativamente a aquella muestra, lo cual no debe extrañar si se tiene en cuenta que el año anterior había terminado la primera Guerra Mundial. Así, el periódico La Acción del 26 de abril destacaba las aportaciones del Parque Central de Sanidad Militar y de la Fábrica de Armas de Toledo, que presentaban “curiosos e interesantes aparatos” tanto para hospitales como para medicina móvil (ambulancias, camillas…):

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 La crónica destacaba los artilugios que habían sido inventados para prolongar la vida de los soldados españoles en aquellas ocasiones en que las nación los enviaba a hacer todo lo posible para acortar la vida de los soldados extranjeros:

De invento y construcción española son casi todos los aparatos que figuran en la citada instalación (…): el paquete de cura individual –sin disputa, el más completo de cuantos existen– reglamentario en nuestro Ejército, construido tras detenido y prolongado estudio por los doctores D. Eugenio Fernández Garrido y D. Saturnino Cambronero; las motocicletas con portacamillas, las camas para tienda de campaña; la camilla plegable rodada; el baste universal; la bolsa de cirujano; el botiquín para carro Schneider y otros muchos modelos que sería larguísimo enumerar, todos, como ya hemos dicho, proyectados por personal militar español y construidos también en España, la mayor parte de ellos en los talleres del Parque Central de Sanidad Militar.

También destacaba la crónica la “completísima colección de vacunas y sueros inyectables elaborados bajo la competente dirección del personal del Instituto de Higiene Militar”; “los cardiógrafos y cuadrículas para radiografía” del doctor Navarro Cárdenas y las aportaciones de dicho instituto y del Laboratorio Central de Medicamentos, que “dan muestras palpables de los progresos que en poco tiempo han conseguido realizar, colocándose a la altura de los establecimientos similares de otras naciones.

Por su lado, el periódico El Día del 26 de abril también hacía una excelente crítica de esta exposición. El corresponsal confiesa que acudió a ella con mucho escepticismo, sin creer que la tecnología española hubiera producido nada en el campo de la sanidad que pudiera maravillarlo. Pero asegura que cuando vio la muestra quedó muy gratamente impresionado. Destaca especialmente los “stands” de los ayuntamientos de Barcelona y Madrid, de la Fábrica de Armas de Toledo, del instituto de Higiene Militar y del Canal de Isabel II, suministrador del agua que se consume en la capital de España. Este es un párrafo del artículo:

Viendo el “stand” municipal, que ocupa en el pabellón filipino todo el patio central, se siente uno orgulloso de la organización y el material de que se dispone para la lucha contra la viruela, del que se utiliza para la desinfección de grandes y pequeños locales por medio de ácido sulfúrico, del material se seroterapia y del de la limpieza urbana, cuyos automóviles, tractores y barredoras ocupan fuera del edificio un espacioso terreno.

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Sesión de clausura del Congreso Nacional de Medicina, celebrada en el Teatro del Centro, presidida por el ministro de Gobernación. Foto cortés (Mundo gráfico, 30/4/1991)

El congreso fue clausurado el sábado, 26  de abril. La revista Vida Marítima del día 30 resumía así para sus lectores lo que había sido la presencia de Marie Curie en el primer Congreso Nacional de Medicina, ilustrando el artículo con una curiosa viñeta en la que la científica aparece metamorfoseada en el supuestamente milagroso y redentor elemento radio (o el radio en ella):

primer congreso nacional de medicina triplenlace.com 5El interés que como agente terapéutico encierra el radio ha adquirido mayor relieve en nuestro país desde que, con motivo del Congreso Nacional de Medicina, se ha escuchado a la noble madame Curie su admirable conferencia relacionada con sus trabajos y los de su digno y malogrado esposo acerca del descubrimiento de dicho cuerpo.

El mecanismo de la radiación sencillamente expuesto por la ilustre dama causó entre su escogido auditorio un efecto sensacional. A partir del átomo de radio se verifica una especie de explosión atómica que hace que se pierda una substancia (la emanación) y sucesivamente el átomo va haciéndose cada vez más estable. Asistimos, dijo, con los radio elementos [se llega] a una transformación atómica perseguida muchos años por los alquimistas con su famosa piedra filosofal; y he aquí que cuando se logra es de un modo completamente independiente do nuestra voluntad. Según madame Curie, la utilización terapéutica del radio y de la radioactividad, es fecunda en resultados prodigiosos y se funda en la sensibilidad electiva que tienen las células enfermas para las radiaciones.

Imposible consignar en una sucinta nota las brillantes perspectivas científicas que se deducen de la interesantísima conferencia de madame Curie, á quien la Humanidad debe gratitud por sus estudios y trabajos en materia tan trascendental, siendo muy halagüeño para el buen nombre de nuestra patria que al acudir tan ilustre personalidad a las deliberaciones del Congreso de Medicina, haya sido dignamente acatada por todas las eminencias médicas españolas.

Ramón y Cajal

Mencionaremos finalmente un hecho que en principio resulta extraño: el escaso protagonismo que tuvo Santiago Ramón y Cajal, quizá el médico español más famoso en aquella época (por no decir de todos los tiempos), en aquel primer congreso nacional de medicina. Habiendo recibido el premio Nobel de su especialidad en 1906, se diría que hubiera sido la persona más adecuada para presentar y acompañar dignamente a Marie Curie. Pero no fue así. Que sepamos, la participación de Cajal quedó en un segundo plano.  Según El Siglo futuro del día 25, el médico laureado presidió una conferencia en el Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII ya el penúltimo día del congreso. Probablemente, el maestro, que ya había cumplido 67 años, rehuía un poco de los actos mundanos, si bien seguía trabajando, escribiendo y participando en la vida pública.

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Las tres partes de este artículo:

I. La Ciencia
II. Los fastos
III. Las conclusiones


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