El conjunto Hespérion XX, dirigido por Jordi Savall, interpreta en la Capella Reial de Catalunya esta joya musical, el villancico (o más exactamente marizápalos a lo divino) de Joan Cererols Fornells (Martorell, 1618 – Monasterio de Montserrat, 1680). (Los marizápalos eran canciones cuyos patrones armónicos eran especialmente adecuados para hacer improvisaciones, como la folía italiana o la romanesca).
Cererols pasó desapercibido durante mucho tiempo, hasta que hace aproximadamente un siglo su obra comenzó a ser rescatada. En 1934, la publicación periódica de Monóvar (Alicante) Musicografía, en su número 11, hacía una crítica laudatoria a un libro que había aparecido sobre los maestros de la Escolanía de Monserrat, y entre ellos Cererols. El autor de la crítica era José Subirá y decía así:
Un benemérito investigador del monasterio de Montserrat, dom David Pujol, ha emprendido la plausible labor de divulgar las obras de los «Maestros de la Escolanía de Montserrat» que seguían inéditas. Para ello ha comenzado con las de Juan Cererols, ilustre compositor nacido en Martorell a comienzos del siglo XVII y fallecido en 1676, cuando iban a cumplirse los cuarenta años de su vida monástica.
Los tres volúmenes que hasta ahora hemos visto de ese músico, contienen un vasto caudal que permite apreciar el valor de un artista hasta ahora desconocido de casi todos. Albergan Salmos de vísperas (a nueve voces distribuidas en dos coros, con canto solista y bajo continuo), Ave maris stella. Magníficat, Completas breves, Antífonas finales, Asperges, varias misas (entre ellas una misa de batalla a 12 voces distribuidas en tres coros con continuo, y otra de difuntos a 7 voces distribuidas en dos coros, con continuo también) y Villancicos. Dichos volúmenes han aparecido respectivamente, en 1930, 1931 y 1932.
El tercer tomo de Cererols está dedicado exclusivamente a villancicos, con un total de 34, precediéndole los textos literarios, en lengua romance, de las respectivas composiciones polifónicas algunas de ellas para dos coros de cantantes y casi todas con bajo continuo o «acompañamiento».
[…]
Músicos y literatos hallarán en este tercer volumen obras de mérito no sólo arqueológico y puramente erudito, sino también artístico.
[…]
La poesía también ofrece su encanto dentro del sentido místico con que está impregnada; y a veces tiene un aspecto sentencioso de buen sjusto, como el de aquel breve villancico, sin estribillo ni coplas, a diferencia de casi todos los restantes, cuya letra dice:
Pues para en la sepultura todo lo que el mundo alaba, ni temo mal que se acaba ni quiero bien que no dura.
Algunos villancicos aportan datos para el folklore, la danza o la organografía musical popular de su tiempo. Tal sucede en el señalado con el número XVIII, donde figuran los siguientes versos:
Porque comience la fiesta hizo señal Gil Perales, tocando los atabales en el suelo de su casa. En una cara vendada entró Blas con chirimía, tocando de melodía «Adiós con la colorada»… Levantáronle al instante al son de la españoleta, mas él tras cada floreta se reservaba el zurrón…
Letra del marizápalos a lo divino Serafín que con dulce harmonía, de Joan Cererols
Estribillo:
Serafín, que con dulce harmonía la Vida que nace requebrando estás; cántale glorias mirándole en penas, que amante y quejoso, su alivio es un ¡Ay! ¡Ay, ay, ay!
Coplas:
1. Tan fragrantes, lucientes y bellas en cielo y en tierra distantes se ven las estrellas vestir de colores, las flores brillar y las selvas arder. En albergue, aunque pobre dichoso en nuevos afectos se mira esta vez una luna que alumbra el empíreo, y un sol que de aljófar guarnece sus pies. ¡Ay, ay, ay!
2. En los brazos del alma más pura, picado de amor un hermoso clavel desabrocha el color encarnado del nácar precioso que quiere verter. ¡Oh! mil veces dichosa la culpa, en cuya sentencia ha llegado a tener por descargo un tesoro infinito: un Dios por padrino y un Niño por juez. ¡Ay, ay, ay!
3. Llora el sol y la aurora se alegra, la pena y el gozo en sus ojos se ven; que es afecto muy propio del alma llorar y reír al amanecer. Un jazmín entre espinas y abrojos nos da testimonio en metáfora fiel, que entre humanos y graves pesares siempre hay escondido un divino placer. ¡Ay, ay, ay!
4. Hoy el hombre suspenso y absorto ignora, cobarde, lo mismo que ve: pues mirar tan divino lo humano es cosa que apenas se puede entender. Una noche de siglos tan largos dobladas las luces habrá menester, y por eso amanecen dos soles que bañan de luz el portal de Belén.