jueves, 19 febrero 2026

Educar con raíces: Elena Izcue y «El arte peruano en la escuela» (1925)

Yodo: carencias y excesos

El sol que hidrata

Leche ecológica

En el convulso escenario cultural del Perú de las primeras décadas del siglo XX, una figura se alzó con una propuesta audaz y profundamente transformadora: Elena Izcue. Diseñadora, ilustradora y pedagoga, Izcue fue una de las protagonistas más singulares del movimiento indigenista, y su obra más emblemática, El arte peruano en la escuela, se convirtió en un símbolo del esfuerzo por construir una identidad nacional basada en las raíces prehispánicas.

Publicada por primera vez en París en 1926, esta serie de cuadernos de dibujo proponía incorporar los motivos de las culturas antiguas del Perú —desde Nazca hasta Paracas— en la educación visual de los niños. Lejos de ser un simple ejercicio estético, el proyecto de Izcue proponía una revalorización profunda del legado indígena, en un momento en que dicho legado era, cuando no ignorado, activamente despreciado.

El contexto no era favorable. En 1930, la inclusión de una cátedra sobre arte incaico en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima desató un furioso debate en la prensa. El pintor Antonino Espinosa Saldaña llegó a afirmar en una carta abierta publicada en El Comercio que el arte incaico no existía como tal, negando su valor estético. En este clima de tensión y negación, El arte peruano en la escuela fue una intervención radical: proponía que las futuras generaciones no solo copiaran formas geométricas andinas por su belleza, sino que reconocieran en ellas una herencia cultural digna de admiración y orgullo.

Los cuadernos de Izcue están poblados por motivos animales —llamas, lagartijas, ratones y pelícanos— cuidadosamente extraídos de cerámicas y textiles precolombinos, dispuestos sobre retículas que facilitaban la copia y el aprendizaje. Pero la intención iba más allá del aula. En su introducción, la autora afirma que se trataba también de rescatar del olvido los fundamentos de un “renacimiento del arte popular”, con la esperanza de reactivar las artes decorativas locales y ofrecer a los artesanos un repertorio visual desligado de la imitación europea.

Elena Izcue no actuó en el vacío. Era contemporánea del arqueólogo Julio C. Tello, cuyas excavaciones en Chavín de Huántar y en la necrópolis de Paracas estaban revolucionando la comprensión del pasado andino. Inspirada por estos descubrimientos, Izcue convirtió sus cuadernos en una herramienta tanto educativa como política. Como maestra, sabía que el aula era un lugar estratégico para sembrar una nueva visión del país: una donde lo indígena no fuera sinónimo de atraso, sino de sofisticación, inteligencia y arte.

El segundo volumen de la serie —publicado posiblemente en 1929— incluye sugerencias prácticas para aplicar los diseños a objetos cotidianos como cortinas, portadas de libros o telas decorativas. Así, lo que comenzó como una herramienta escolar se convirtió en un repertorio visual moderno, adaptable al diseño gráfico, la moda y las artes decorativas. No es casual que poco después, gracias a una beca del gobierno peruano, Izcue viajara a París, donde su estética andina cautivó a diseñadores de alta costura como Elsa Schiaparelli, y donde estudió con el vanguardista Fernand Léger.

Sin embargo, no todo en su propuesta fue exento de crítica. Investigadores como Natalia Majluf y Luis Eduardo Wuffarden han señalado que, al abstraer los motivos de su contexto cultural y simbólico, Izcue contribuyó a una visión homogénea del mundo prehispánico, simplificando su complejidad histórica para adaptarla a los ideales de una nación moderna y unificada. Aun así, su intención era clara: forjar un “nacionalismo serio y fecundo”, en sus propias palabras, a través del arte y la educación.

El arte peruano en la escuela no solo enseñó a dibujar. Enseñó a mirar hacia el pasado con respeto, y a imaginar un futuro donde lo propio no tuviera que disfrazarse de europeo para ser bello. En sus páginas, miles de escolares encontraron —y todavía pueden encontrar— una manera de reconciliarse con una historia largamente enterrada.

Relacionados

Dejar un comentario

Descubre más desde TRIPLENLACE

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo