Cuando pensamos en el envejecimiento, solemos imaginar un proceso lento y progresivo, una marcha constante que apenas notamos día a día. Sin embargo, una investigación reciente sugiere que esta idea es engañosa: envejecer puede implicar cambios bruscos y sorprendentes en nuestra biología, que se presentan en momentos específicos de la vida.
Un equipo liderado por el genetista Michael Snyder de la Universidad de Stanford ha identificado dos momentos clave en los que nuestro cuerpo experimenta alteraciones moleculares profundas: uno alrededor de los 44 años y otro cerca de los 60 años. Estos hallazgos, publicados en agosto de 2024, muestran que el envejecimiento no sigue una línea recta, sino que incluye dos saltos significativos que afectan a múltiples sistemas biológicos.
El equipo investigó estas transiciones con el objetivo de comprender mejor los mecanismos detrás del envejecimiento y sus vínculos con enfermedades como el Alzhéimer, los trastornos cardiovasculares y el deterioro del sistema inmunológico. Para ello, realizaron un seguimiento de 108 personas adultas que donaron muestras biológicas con regularidad a lo largo de varios años. Estas muestras incluían datos sobre ARN, proteínas, lípidos y microbiomas (intestinal, cutáneo, nasal y oral), permitiendo el análisis de más de 135 000 características biológicas.
El estudio acumuló una enorme cantidad de datos —más de 246 mil millones de puntos—, lo que permitió a los científicos buscar patrones en los cambios moleculares asociados al paso del tiempo. Y los resultados fueron reveladores.
Cerca del 81 % de todas las moléculas analizadas mostraron alteraciones significativas en al menos uno de estos dos picos de transformación. Los investigadores observaron que estas sacudidas no son idénticas, sino que cada una presenta un perfil molecular distinto.
Durante los 40 y tantos años, los cambios se concentraron en moléculas relacionadas con el metabolismo de lípidos, la cafeína y el alcohol, así como en funciones relacionadas con la piel, los músculos y el sistema cardiovascular. Esta etapa también coincide con el inicio de la perimenopausia en mujeres, aunque los científicos subrayan que los hombres también experimentan alteraciones similares en ese mismo periodo, lo que indica que hay factores comunes aún por identificar.
En cambio, el pico de los 60 años mostró cambios en el metabolismo de carbohidratos, una vez más en la cafeína, además de alteraciones en el sistema inmune, la función renal, la piel y la masa muscular. Es una etapa donde el riesgo de enfermedades aumenta abruptamente, no de forma progresiva, como se pensaba.
Esto sugiere que, aunque la perimenopausia puede influir en los cambios observados en mujeres, existen factores más amplios y fundamentales que afectan a ambos sexos», explicó el especialista en metabolómica Xiaotao Shen, primer autor del estudio.
Estos descubrimientos respaldan la idea de que el envejecimiento no es un continuo suave, sino que se desarrolla de forma escalonada, con cambios biológicos súbitos en momentos puntuales. Esta perspectiva se alinea con estudios previos realizados en ratones, moscas de la fruta y peces cebra, donde también se han identificado fases de envejecimiento abrupto.
Aunque el estudio tiene limitaciones —como el tamaño reducido de la muestra y el rango etario entre los 25 y los 70 años—, ofrece una base sólida para investigaciones futuras. Explorar estas «sacudidas moleculares» podría abrir nuevas vías para predecir, prevenir o incluso revertir algunos efectos del envejecimiento, permitiendo un abordaje más estratégico para mejorar la calidad de vida en la madurez.

