Quien haya visto las últimas imágenes del cometa 220P/McNaught, como la que encabeza este texto, habrá reparado en algo llamativo: la coma —esa envoltura difusa de gas y polvo que rodea al núcleo— es de un verde intenso, casi eléctrico, que contrasta con el tono blanquecino o azulado de la cola. No es un artefacto de procesado ni un capricho del sensor. Es la firma espectral del dicarbono, C₂, una molécula que solo existe en las cercanías del Sol durante pocas horas.
De la materia orgánica al dicarbono
El núcleo de un cometa como 220P/McNaught guarda hielos y compuestos orgánicos complejos congelados desde la formación del Sistema Solar. Al aproximarse al Sol, el calentamiento sublima esa mezcla y la traslada a la coma, donde la radiación ultravioleta solar fotoliza las moléculas orgánicas de mayor tamaño —hidrocarburos y compuestos afines— hasta romperlas en fragmentos cada vez más simples. El dicarbono es uno de esos productos intermedios: dos átomos de carbono unidos, una especie que en condiciones terrestres apenas sobrevive porque es extremadamente reactiva, pero que en el vacío de la coma cometaria, con muy poco oxígeno alrededor, encuentra un nicho temporal para existir.
Aquí entra el mecanismo de la excitación electrónica seguida de emisión fluorescente. El C₂ no brilla por incandescencia térmica —la coma está demasiado enrarecida y fría para eso—, sino por fluorescencia de resonancia: absorbe fotones solares en determinadas longitudes de onda, sus electrones saltan a estados electrónicos excitados y, al desexcitarse, reemiten esa energía en las conocidas bandas de Swan, con una banda especialmente intensa en torno a los 517 nm, justamente en la zona verde del espectro visible. Cuantos más fotones solares intercepte una molécula de C₂ y cuanto más cerca esté del Sol, más eficiente resulta ese bombeo radiativo, de ahí que el verde se intensifique al acercarse el cometa al perihelio.
Por qué el verde nunca llega a la cola
Durante casi un siglo, desde que el físico Gerhard Herzberg lo propuso en los años treinta, se sospechó que la explicación de por qué esa coma verde jamás tiñe la cola estaba en la propia fragilidad del dicarbono. La hipótesis costó décadas de confirmar en laboratorio porque el C₂ es tan inestable que resulta muy difícil de aislar y estudiar en condiciones controladas. No fue hasta 2021 cuando un equipo de la UNSW de Sídney logró reproducir el proceso: la misma radiación ultravioleta extrema que crea el dicarbono a partir de la materia orgánica es la que, poco después, lo fotodisocia y lo destruye. Ese ciclo de creación y destrucción es tan rápido —del orden de un par de días o menos en las regiones internas de la coma— que las moléculas de C₂ no tienen tiempo de ser arrastradas por la presión de radiación y el viento solar hasta la cola, que se extiende por millones de kilómetros. El resultado es una coma verde brillante y compacta, ceñida al núcleo, y una cola que conserva su color propio.

Un cometa con historia reciente y agitada
220P/McNaught es un cometa de la familia de Júpiter con un periodo orbital de unos 5,5 años, que lo lleva desde apenas 1,5-1,6 UA del Sol —justo fuera de la órbita de Marte— hasta unas 4,7 UA en el afelio; su órbita, próxima a una resonancia 2:1 con Júpiter, sugiere que el gigante gaseoso lo capturó en algún momento hacia su configuración actual. Lo descubrió el prolífico observador australiano Robert H. McNaught el 20 de mayo de 2004, en imágenes del telescopio Schmidt de Uppsala en Siding Spring, cuando apenas era una mancha de magnitud 17-18.
Su paso más reciente, en 2026, lo sacó del anonimato: a finales de mayo sufrió un estallido de brillo inesperado, multiplicando su luminosidad miles de veces y haciéndolo visible con prismáticos, dos semanas antes de alcanzar el perihelio el 14 de junio. Observaciones espectroscópicas mostraron una coma enriquecida en C₂ respecto al cianógeno (CN) y una cola de polvo estrecha e intensa, indicios compatibles con una fragmentación parcial del núcleo. En agosto se registró un segundo estallido, con la coma exterior mostrando estructura en capas concéntricas, siempre teñida de ese verde fugaz que resume, en una sola imagen, casi cien años de física molecular.
Fuentes: Universe Today, Wikipedia, UNSW, Space.com

