La química del olor corporal determina qué humanos atraen a cada especie de mosquito

No existe un único “imán para mosquitos”: cada especie tiene sus preferencias químicas

Al azar

Si alguna vez ha tenido la impresión de que los mosquitos tienen una predilección casi personal por usted, mientras que quienes están a su lado apenas reciben picaduras, quizá no se trate de una simple percepción. Un trabajo reciente publicado en iScience aporta nuevos datos sobre la química que puede estar detrás de esta conocida diferencia: no parece existir una persona universalmente irresistible para los mosquitos, sino que cada especie responde de manera diferente al cóctel de sustancias volátiles que emana nuestra piel.

El estudio, realizado por investigadores de Florida International University, analizó a 119 voluntarios de Miami y comparó la respuesta de tres especies de mosquitos capaces de transmitir enfermedades: Aedes aegypti, Aedes albopictus y Culex quinquefasciatus. Para ello, los investigadores recurrieron a un olfactómetro uniport, un dispositivo que permite exponer a los insectos a los olores procedentes de diferentes individuos en condiciones controladas.

La parte químicamente más interesante del experimento consistió en caracterizar esos olores. Los investigadores recogieron el aire próximo a los brazos de los participantes y analizaron sus componentes mediante cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas. Esta técnica permite separar una mezcla extraordinariamente compleja de compuestos volátiles y, posteriormente, identificar muchos de ellos a partir de sus espectros de masas. El olor humano, por tanto, deja de ser una impresión subjetiva para convertirse en un auténtico perfil químico.

Moléculas

Los resultados muestran que no hay un único «olor a humano» que determine la atracción de todos los mosquitos. Aedes aegypti, conocido como mosquito de la fiebre amarilla, mostró una ligera preferencia por los hombres, mientras que A. albopictus, el mosquito tigre asiático, y C. quinquefasciatus, el mosquito doméstico del sur, no mostraron un sesgo relacionado con el sexo. Más llamativo aún: ninguno de los voluntarios se encontraba entre los individuos más atractivos para las tres especies simultáneamente.

¿Qué moléculas podrían explicar estas preferencias? El estudio encontró asociaciones con diferentes familias de compuestos. A. aegypti y C. quinquefasciatus tendían a evitar a personas cuyos olores cutáneos contenían concentraciones relativamente elevadas de determinados alcoholes cíclicos y monoterpenos. Estos últimos son compuestos terpénicos muy habituales en las plantas y responsables de numerosos aromas característicos de aceites esenciales. A. albopictus, en cambio, mostró preferencias relacionadas con determinados cetonas.

Bacterias

Pero la historia no termina en las moléculas que producimos directamente nosotros. Nuestra piel constituye un ecosistema en el que viven numerosas bacterias, y estas microorganismos participan activamente en la transformación química del sudor y de los lípidos cutáneos. Al metabolizar esas sustancias pueden generar nuevos compuestos volátiles que pasan al aire y se convierten en señales olfativas para los mosquitos.

Mediante secuenciación de ADN, los investigadores identificaron 246 tipos diferentes de microorganismos cutáneos entre los participantes. Tres aparecieron asociados con la atracción de las tres especies estudiadas: Corynebacterium kefirresidentii, Cutibacterium granulosum y una variante de Staphylococcus epidermidis. Por otra parte, Pseudomonas aeruginosa se encontraba en mayor abundancia en las personas menos atractivas para A. aegypti y C. quinquefasciatus, y no apareció en los perfiles de los voluntarios más atractivos para esas especies.

Conviene, sin embargo, no interpretar estos resultados como si una determinada bacteria o molécula fuese por sí sola un «interruptor» que enciende o apaga la atracción. El olor corporal es una mezcla dinámica, resultado de la interacción entre metabolismo humano, secreciones cutáneas, microbiota y ambiente. Además, diferentes especies de mosquitos poseen receptores olfativos y estrategias ecológicas distintas.

Desde el punto de vista químico, el trabajo resulta especialmente atractivo porque muestra cómo una interacción aparentemente trivial —que un mosquito decida picarnos o no— puede depender de una compleja red de transformaciones moleculares. En definitiva, quizá la pregunta correcta no sea «¿por qué los mosquitos prefieren a unas personas?», sino «¿qué combinación de moléculas produce cada piel y qué combinación reconoce cada especie de mosquito?». Esa perspectiva abre la puerta a investigar nuevas estrategias para interferir químicamente en la búsqueda de hospedador de estos importantes vectores de enfermedades.


Referencia

K. M. Marrero et al., “Individual humans are more attractive to certain mosquito species”, iScience (2026), DOI: 10.1016/j.isci.2026.117006.

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