Desde hace tiempo, la investigación científica ha demostrado de manera consistente que la práctica regular de ejercicio físico reporta amplios beneficios tanto para la salud física como para el bienestar mental. Sin embargo, descubrimientos recientes revelan que sus efectos positivos trascienden la esfera individual. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad Brigham Young (BYU) sugiere que la actividad física también puede fortalecer el matrimonio, especialmente cuando los cónyuges ejercitan juntos.
La investigación, recientemente publicada en la revista académica Family Relations, fue realizada por el profesor Jeremy Yorgason y la investigadora Ashlyn Hiatt Mildenhall, quien comenzó el proyecto durante sus estudios de grado. El equipo analizó datos de encuestas aplicadas a cerca de 1.700 parejas jóvenes casadas que participan en el estudio representativo nacional CREATE (Couple Relationships and Transition Experiences), un proyecto de la BYU que ha seguido a matrimonios en Estados Unidos durante más de una década.
Al comparar los efectos del entrenamiento individual con la actividad física compartida, los investigadores evaluaron tres aspectos clave de la relación: la comunicación interpersonal, la resolución de conflictos y el estrés matrimonial. Aunque ambas formas de actividad se asociaron con matrimonios más saludables, la actividad física conjunta mostró de manera constante asociaciones más fuertes con resultados relacionales positivos.
El estudio reveló que aproximadamente el 60 % de los esposos y esposas encuestados hacían ejercicio, pero solo alrededor de un tercio lo practicaba en pareja. Según Yorgason, aunque la magnitud del impacto es moderada, su notable consistencia demuestra que influye de manera significativa en la dinámica de pareja, facilitando la capacidad de resolver desacuerdos pacíficamente.
De los tres factores analizados, el ejercicio tuvo su mayor impacto positivo en la comunicación. Curiosamente, caminar fue la forma de ejercicio conjunto más reportada por las parejas participantes. Este hallazgo sugiere que no se necesitan costosas membresías de gimnasio ni complejos equipos en casa para cosechar estos beneficios; caminar proporciona un espacio natural e idóneo para conversar, practicar la escucha activa y cultivar sentimientos de apoyo mutuo.
Los científicos aclaran que el ejercicio compartido no es una cura milagrosa para los desafíos matrimoniales y que, para muchas parejas jóvenes (especialmente con hijos), coordinar el tiempo requiere intencionalidad. Sin embargo, constituye un hábito saludable accesible para generar oportunidades rutinarias de conexión diaria en medio de las exigencias cotidianas.
Referencia
Ashlyn Mildenhall et al, Conjoint Exercise among young married couples: Exploring associations with couple conflict, conflict resolution, and communication, Family Relations (2026). DOI: 10.1111/fare.70260

