La imagen sobre estas líneas corresponde al enorme peñón que se levanta como un iceberg calcáreo en la vega de Antequera. La foto de la izquierda fue tomada aproximadamente a las 10:30; la de la derecha a las 16:30.
Este peñón es conocido popularmente por dos nombres: la peña de los Enamorados y el Indio de Antequera, ya que, aunque en las imágenes anteriores no se aprecia, desde Antequera la mole tiene un perfil que a la gente le sugiere la cabeza de un jefe indio acostado, con sus plumas en la cabeza y todo. El pico más alto que se ve en las imágenes es la nariz aguileña del indio.


Cerca del punto más alto alguien ha puesto un «buzón de amor»:

Por la «mejilla» izquierda del Indio discurre plácidamente el río Guadalhorce y una antigua via de tren, con su correspondiente estación en ruinas. En este paso natural entre Archidona y Antequera se produjo en 1853 el asalto de nueve bandoleros a un recaudador de impuestos al que escoltaba la Guardia Civil.
El lugar es un santuario de cabras monteses que pueden verse especialmente cuando bajan a abrevar al río.

Desde la peña se domina toda la vega (y los viaductos del tren de alta velocidad) y se otean Antequera y Archidona en lontananza.




Por la otra vertiente se disfruta de vistas privilegiadas sobre el paso por donde corren la carretera entre Antequera y Archidona, la antigua vía del tren y el río Guadalhorce. Hay también una cantera abandonada de la que probablemente se extrajo el material necesario para construir los taludes del ferrocarril.




Este collado es un atractivo enclave del peñón:

La mole caliza tiene reminiscencias mágicas desde la prehistoria. A sus pies fueron levantados los famosos dólmenes de Antequera, que, junto a la propia peña y el paraje natural de El Torcal, forman un conjunto que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2016.
La peña de los Enamorados debió de ejercer un gran atractivo entre las poblaciones que habitaron la zona hace miles de años. Prueba de ello es que el extraordinario dolmen de Menga está orientado hacia la peña en vez de con el Sol, un hecho sin precedentes.
El nombre le viene de una leyenda que inventó o transmitió el poeta neolatino Juan de Vilches (Ioannes Vilchius Antiquarius) en el siglo XVI, según la cual dos enamorados de distintas religiones se suicidaron arrojándose desde ella.



Fotografías: Pedro Bohórquez.


