Hace dos milenios la humanidad pudo haber hablado decenas de miles de lenguas

Un estudio publicado en Science plantea una hipótesis sorprendente: la humanidad pudo haber alcanzado una diversidad lingüística muy superior a la actual. Según los investigadores, entre hace 3000 y 1000 años podrían haber coexistido decenas de miles de lenguas, una cifra muy superior a las aproximadamente 7500 lenguas que se hablan hoy en el mundo. Es decir, puede decirse que existió una «edad de oro» de la diversidad lingüística entre aproximadamente el 1000 a. C. y el 1000 d. C.

El trabajo propone que esta extraordinaria diversidad fue consecuencia de uno de los mayores cambios de la historia humana: la transición hacia la agricultura. Cuando las poblaciones abandonaron el modo de vida nómada de los cazadores-recolectores para establecerse en pequeñas comunidades agrícolas, comenzaron a aislarse unas de otras. Ese aislamiento habría favorecido que las lenguas evolucionaran de forma independiente, dando lugar a un auténtico «boom» lingüístico.

Reconstruir la historia de las lenguas es una tarea especialmente compleja. A diferencia de otros aspectos de las sociedades antiguas, el registro arqueológico apenas conserva evidencias directas sobre los idiomas hablados en el pasado. Salvo las fuentes escritas —muy recientes en comparación con la historia de la humanidad—, los lingüistas disponen de muy pocos datos para estimar cuántas lenguas existieron realmente.

Para abordar este problema, el equipo desarrolló un modelo estadístico que reconstruye la evolución de la diversidad lingüística durante los últimos 12 000 años. Como punto de partida, estimaron la población mundial al final de la última glaciación y la dividieron por el tamaño medio de los grupos de cazadores-recolectores, calculado en unas 800 personas. Los investigadores asumieron que cada uno de estos grupos compartía una misma lengua, basándose en estudios etnográficos realizados durante el siglo XX.

Con este método, estimaron que hace unos 12 000 años existían entre 3300 y 7800 lenguas. A partir de ahí, el modelo simuló cómo fueron cambiando las sociedades a medida que crecían las comunidades agrícolas, surgían poblaciones más numerosas y, con el tiempo, aparecían los primeros Estados.

Lejos de reducir la diversidad lingüística, la expansión de la agricultura parece haber provocado inicialmente el efecto contrario. El estudio sugiere que las pequeñas aldeas agrícolas permanecían relativamente aisladas y que, con el paso de las generaciones, sus formas de hablar fueron diferenciándose cada vez más. Investigaciones realizadas en Nueva Guinea y Vanuatu respaldan esta idea, al mostrar que las comunidades agrícolas desarrollan diferencias lingüísticas más marcadas con sus vecinos que las poblaciones de cazadores-recolectores.

Según las estimaciones del modelo, esta tendencia alcanzó su punto máximo hace unos 2000 años, cuando pudieron coexistir decenas de miles de lenguas, aproximadamente diez veces más que al final de la última edad de hielo. Aunque los autores reconocen que se trata de una primera hipótesis y que factores como las migraciones o los cambios climáticos también pudieron influir, consideran que el patrón general resulta consistente.

Sin embargo, aquel extraordinario periodo de diversidad no duró para siempre. Tras alcanzarse el máximo, el número de lenguas comenzó a disminuir con rapidez. En apenas un milenio desapareció una gran parte de ellas, probablemente debido a la expansión de grandes sociedades políticamente poderosas que difundieron unas pocas lenguas mediante la conquista, el comercio y la integración cultural.

Este proceso continúa en la actualidad. Hoy, cerca de cinco mil millones de personas hablan una o varias de solo diez lenguas, mientras que cada año dejan de utilizarse alrededor de cuatro idiomas. En tiempos recientes, la colonización desempeñó un papel decisivo en esta pérdida, al suprimir de forma deliberada numerosas lenguas indígenas. Sin embargo, el nuevo estudio sugiere que la desaparición de idiomas no es un fenómeno exclusivamente moderno, sino una constante histórica asociada a periodos de expansión política, económica y cultural.

Aunque probablemente nunca será posible conocer cómo sonaban la mayoría de esas lenguas desaparecidas —ya que las palabras no dejan fósiles—, la investigación ofrece una nueva perspectiva sobre la historia de la comunicación humana. Más que un patrimonio estático, las lenguas aparecen como un reflejo dinámico de la evolución de las sociedades, capaces de multiplicarse en épocas de aislamiento y de extinguirse cuando unas culturas sustituyen o absorben a otras.


Referencia

Blasi, D. E., Hamilton, M. J., Gray, R. D. & Bowern, C. L. Science https://doi.org/10.1126/science.adx4343 (2026).

FuenteNature

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