La idea de que una máquina pueda hablar como nosotros, conocer nuestras opiniones y responder en nuestro estilo parece, a primera vista, propia de la ciencia ficción. Pero ya es posible construir algo parecido. El caso del pastor estadounidense Justin Lester es especialmente llamativo porque lleva el experimento al terreno de la religión: ha creado herramientas de inteligencia artificial entrenadas con sus sermones, escritos y materiales pastorales para que puedan responder a otras personas de una manera parecida a como lo haría él.
Lester dirige la Friendship Missionary Baptist Church de Vallejo, California, y se define también como tecnólogo y especialista en la relación entre tecnología y religión. Su proyecto más conocido, PastorGPT, utiliza los sermones y enseñanzas de un pastor para generar materiales, responder preguntas y ayudar a otros responsables de una iglesia. Según distintas fuentes, el sistema se actualiza incluso con nuevos sermones publicados en internet.
La novedad no está, por tanto, en que la inteligencia artificial sea capaz de conversar. Eso lo conocemos desde hace tiempo. Lo interesante es personalizarla hasta el punto de que el usuario tenga la impresión de estar hablando con una determinada persona. Para conseguirlo no hace falta copiar el cerebro del pastor. Basta con proporcionar a un modelo de lenguaje una gran cantidad de textos producidos por él y establecer instrucciones que orienten sus respuestas. El resultado aprende patrones: vocabulario, argumentos, referencias bíblicas, tono y maneras habituales de expresarse.
Es importante hacer esta distinción porque la expresión «gemelo digital» puede inducir a error. El sistema no contiene la mente de Lester ni sabe realmente lo que Lester piensa. Predice qué respuesta sería apropiada a partir de los datos con los que ha sido entrenado. Es, en esencia, una máquina extremadamente sofisticada de generación de lenguaje. Pero las consecuencias sociales pueden ser muy reales.
Según un reportaje reciente del Wall Street Journal, Lester ha llevado el concepto bastante más lejos. Su PastorGPT puede utilizar los sermones de un determinado pastor para producir materiales y detectar temas recurrentes en las conversaciones de los fieles. Lester afirma que esa información, convenientemente anonimizada, puede ayudar a descubrir problemas que afectan a la comunidad. En un caso, por ejemplo, el sistema habría detectado un aumento de conversaciones relacionadas con el acoso entre adolescentes, lo que llevó al pastor a preparar una actividad específica sobre el asunto.
Multiplicar la disponibilidad
Aquí aparece la primera gran ventaja: la inteligencia artificial permite multiplicar la disponibilidad de una persona. Un pastor no puede contestar simultáneamente a veinte personas a medianoche, atender el teléfono, preparar un sermón y responder correos. Una IA sí puede mantener muchas conversaciones a la vez. Lester calcula que herramientas de este tipo le han liberado varias horas semanales para dedicar más tiempo precisamente a aquello que considera propiamente pastoral: predicar, visitar enfermos y acompañar personalmente a los miembros de su comunidad.
Pero también aparece el problema fundamental: ¿dónde termina la herramienta y empieza la persona?
Si alguien pregunta a una IA que imita a un pastor cómo afrontar un problema matrimonial, una enfermedad o una crisis espiritual, puede recibir una respuesta perfectamente razonable. Incluso puede citar las Escrituras y emplear exactamente el tono que espera de su pastor. Sin embargo, detrás de esas palabras no hay un ser humano que conozca personalmente al interlocutor, ni una experiencia religiosa, ni una conciencia que esté tomando responsabilidad por lo que acaba de decir.
Debate
Ese límite preocupa a algunos especialistas. El debate no consiste simplemente en decidir si la IA «funciona bien», sino en preguntarse qué significa sustituir una relación humana por una simulación convincente de esa relación. Una conversación pastoral no es solamente intercambio de información: implica confianza, empatía, responsabilidad y, para un creyente, una determinada concepción de la fe.
El fenómeno, además, está creciendo. Una investigación citada por el Wall Street Journal indica que aproximadamente la mitad de los pastores estadounidenses utiliza ya IA para generar ideas, mientras que alrededor de una cuarta parte la emplea para ayudar a escribir sermones, frente al 12 % en 2024.
ASí pues, hemos empezado a construir máquinas capaces de representar nuestra voz ante otras personas. Hoy es un pastor. Mañana puede ser un profesor, un médico, un escritor, un abogado… o cualquiera de nosotros. La cuestión decisiva no será si la máquina consigue parecerse mucho a nosotros. Probablemente lo conseguirá. La cuestión será cuánto estaremos dispuestos a dejar que esa versión artificial de nosotros mismos hable y actúe en nuestro nombre.

