La revista médica The Lancet publica un editorial sobre la importancia de la filantropía en medicina. Comienza diciendo que el reciente fallecimiento del Aga Khan IV, empresario y líder espiritual, ha supuesto un impacto en la filantropía global, aunque él rechazaba tal etiqueta. A través del Aga Khan Development Network, financió hospitales, universidades y escuelas, beneficiando a millones de personas. Su visión reflejaba la idea de que compartir la riqueza formaba parte de su rol como guía espiritual, lo que encarna la esencia de la filantropía: el amor por la humanidad.
La filantropía privada ha sido históricamente clave en la mejora de la salud global. Ejemplos notables incluyen la Fundación Rockefeller, creada en 1913, que contribuyó al desarrollo de la OMS y financió campañas contra enfermedades como el paludismo y la fiebre amarilla, además de apoyar instituciones como la Escuela de Salud Pública de Harvard. En tiempos recientes, la filantropía ha evolucionado con la llegada de los multimillonarios tecnológicos. La Fundación Bill & Melinda Gates, fundada hace 25 años, ha sido crucial en la salud global, financiando investigaciones, programas de vacunación y la lucha contra enfermedades infecciosas.
Pros y contras de las organizaciones filantrópicas
Las organizaciones filantrópicas poseen ventajas significativas: operan con independencia, tienen capacidad de convocatoria y pueden financiar iniciativas sin la burocracia gubernamental. Sin embargo, también existen críticas. Se argumenta que permiten que los donantes establezcan sus propias agendas sin rendir cuentas, introduciendo sesgos y favoreciendo proyectos según sus intereses. Además, se cuestiona la legitimidad del poder que ejercen, ya que muchas fortunas se han construido sobre la explotación, lo que pone en duda si la filantropía es un mecanismo para aliviar desigualdades o perpetuarlas.
Surgen preguntas fundamentales: ¿cómo se mide el impacto de la filantropía en salud? ¿Quién toma las decisiones y con qué grado de transparencia? ¿Hasta qué punto la filantropía distorsiona el gasto público y exime a los Estados de sus responsabilidades? Y, en el contexto de la descolonización de la salud global, ¿es justo que unas pocas personas extremadamente ricas de EE.UU. y Europa influyan tanto en la salud mundial?
A pesar de estas preocupaciones, la filantropía en salud es una realidad creciente. La falta de financiación gubernamental ha llevado a que organismos como el Fondo Mundial contra el VIH, la Tuberculosis y la Malaria busquen mayores aportes del sector privado. La Fundación de la OMS, creada en 2020, también busca canalizar fondos filantrópicos ante la reducción de contribuciones estatales.
Un mundo sin necesidad de filantropía sería ideal, pero la realidad es otra. Con el aumento de multimillonarios en 2024, muchos buscan destinar su riqueza a causas sociales. El desafío es garantizar que este compromiso se traduzca en prácticas éticas y responsables.

