Cuando los arqueólogos desenvuelven una momia, esperan encontrar amuletos, joyas, estatuillas de dioses o textos funerarios destinados a proteger al difunto en el más allá. Lo que nadie esperaba era descubrir un fragmento de la Ilíada de Homero, una de las obras cumbre de la literatura griega. Sin embargo, eso es precisamente lo que ha ocurrido en una tumba de época romana excavada en la antigua ciudad de Oxirrinco (actual El-Bahnasa), en Egipto: un papiro con versos del célebre poema épico apareció colocado sobre el abdomen de una momia de unos 1600 años de antigüedad. Se trata del primer caso conocido en el que un texto literario griego, y no un escrito mágico o religioso, forma parte del ritual de momificación.
El hallazgo fue realizado por la misión arqueológica dirigida por investigadores de la Universidad de Barcelona y del Instituto del Antiguo Oriente Próximo durante las excavaciones de la campaña de 2025. El papiro contiene un pasaje del libro II de la Ilíada, concretamente del llamado «Catálogo de las naves», donde Homero enumera las ciudades griegas y los contingentes que acudieron a la guerra de Troya. Aunque ese episodio puede parecer poco emocionante para el lector moderno, en la Antigüedad era uno de los fragmentos más conocidos y estudiados del poema.
La gran pregunta es, naturalmente, ¿qué hacía la Ilíada dentro de una momia?
Protección en la otra vida
Los investigadores creen que el papiro no se utilizó como simple material de embalaje. Su colocación fue deliberada y formaba parte del ritual funerario. Hasta ahora, los papiros encontrados en posiciones semejantes contenían fórmulas mágicas, himnos religiosos o conjuros destinados a proteger al difunto durante su viaje al más allá. En cambio, el texto de Homero carece de contenido religioso explícito. Esto sugiere que, en la sociedad grecorromana de Egipto, la gran literatura clásica había adquirido también un valor simbólico y protector.
La explicación hay que buscarla en el extraordinario mestizaje cultural que caracterizó a Egipto tras la conquista de Alejandro Magno, en el siglo IV a. C., y durante los siglos posteriores de dominio griego y romano. Las antiguas creencias egipcias sobre la vida después de la muerte convivían con la filosofía, la religión y la educación helénicas. En ciudades como Oxirrinco, donde se hablaba griego y florecieron bibliotecas y escuelas, Homero era mucho más que un poeta: era el autor por excelencia, el equivalente a una autoridad moral y cultural.
No resulta extraño, por tanto, que algunas personas consideraran que llevar consigo unos versos de la Ilíada podía proporcionar prestigio o incluso protección en el tránsito hacia la otra vida. En cierto modo, el poema habría funcionado como una especie de amuleto literario, una idea que habría parecido impensable en el Egipto faraónico, pero perfectamente compatible con la mentalidad híbrida del periodo romano.

El descubrimiento también pone de relieve la enorme importancia de Oxirrinco, uno de los yacimientos arqueológicos más famosos del mundo. Gracias a la extraordinaria conservación del papiro en el clima seco del desierto, allí han aparecido cientos de miles de documentos: contratos, cartas, recibos, evangelios, obras teatrales y poemas que han permitido reconstruir con enorme detalle la vida cotidiana del mundo grecorromano. El nuevo hallazgo añade ahora una dimensión inesperada: la relación entre la literatura y los rituales funerarios.
Naturalmente, los arqueólogos insisten en la prudencia. No significa que todos los habitantes del Egipto romano fueran enterrados con Homero, ni siquiera que esta práctica fuera frecuente. Al contrario, precisamente su excepcionalidad convierte el hallazgo en una pieza de enorme valor científico. Bastará encontrar unos pocos casos más para determinar si se trataba de una costumbre limitada a determinados grupos cultos o de una tradición funeraria hasta ahora desconocida.
Sea cual sea la respuesta, el descubrimiento recuerda que los libros han desempeñado funciones muy distintas a lo largo de la historia. Hoy leemos la Ilíada como una obra maestra de la literatura universal. Hace dieciséis siglos, alguien creyó que aquellos mismos versos podían servir para algo mucho más importante: acompañar a un ser humano en su último viaje y ayudarle a alcanzar una existencia mejor después de la muerte.
Según la Universidad de Barcelona, han intervenido en esta investigación, entre otros científicos, Maite Mascort, Esther Pons, Núria Castellano, Margalida Munar, Leah Mascia e Ignasi-Xavier Adiego. La misión arqueológica de Oxirrinco cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Universidad de Barcelona, la Fundación Palarq, la Sociedad Catalana de Egiptología y AIXA Serveis Arqueològics, además de la colaboración del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto y la Universidad de El Cairo.
Fuentes: Universidad de Barcelona
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