El aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático no solo amenaza la salud física. Cada vez existen más indicios de que el calor puede influir también en la salud mental y en determinados comportamientos humanos. Un nuevo estudio publicado en Nature Mental Health ha encontrado una asociación entre temperaturas ambientales más elevadas y un mayor riesgo de muerte por homicidio y suicidio en Brasil y México.
Los investigadores analizaron 1 243 596 registros de mortalidad correspondientes al periodo 2000-2019 y los relacionaron con datos meteorológicos diarios. Mediante un diseño epidemiológico de «casos cruzados» compararon la temperatura del día en que se produjo cada fallecimiento con la registrada en otros días comparables del mismo lugar. De este modo pudieron reducir la influencia de factores como las tendencias temporales y las variaciones estacionales.
Los resultados son llamativos. En Brasil, cada aumento de 1 °C en la temperatura media se asoció con un incremento del 2,17 % en el riesgo de homicidio y del 2,78 % en el de suicidio. En México, los incrementos estimados fueron del 1,80 % y el 3,75 %, respectivamente. Los investigadores analizaron además los efectos durante los cinco días posteriores a la exposición térmica.
Estos porcentajes no significan que una persona tenga automáticamente más probabilidades de suicidarse o cometer un homicidio porque la temperatura suba un grado. Se trata de asociaciones estadísticas observadas a escala poblacional. El calor sería, en todo caso, un factor adicional dentro de una compleja combinación de circunstancias biológicas, psicológicas, sociales y económicas.
Estrés fisiológico
¿Qué mecanismos podrían explicar esta relación? Una posibilidad es que las temperaturas elevadas produzcan estrés fisiológico, irritabilidad y alteraciones en la capacidad de concentración y de regulación emocional. El calor también dificulta el sueño, especialmente cuando las temperaturas nocturnas permanecen altas. La falta de descanso puede aumentar el cansancio y reducir la capacidad de controlar los impulsos.
En el caso de la violencia, además, las altas temperaturas pueden modificar las actividades sociales y aumentar el tiempo que las personas pasan fuera de sus viviendas. Una discusión o conflicto puede tener más posibilidades de escalar cuando coinciden malestar físico, irritabilidad y determinadas circunstancias sociales.
Hombres y fines de semana
El estudio encontró asimismo que las asociaciones eran más fuertes entre los hombres, en determinadas categorías demográficas y durante los fines de semana, así como en verano y otoño. Los factores socioeconómicos también modificaron los riesgos observados.
Este último aspecto resulta especialmente importante. El calor no afecta a toda la población por igual. Una persona que vive en una vivienda bien aislada y dispone de aire acondicionado puede experimentar una ola de calor de manera muy diferente a quien reside en un hogar precario, trabaja al aire libre y carece de medios para refrigerarse. El cambio climático puede actuar así como un multiplicador de desigualdades sociales.
El hallazgo se suma a una literatura científica cada vez más amplia sobre las consecuencias psicológicas del calentamiento. El IPCC ha reconocido asociaciones entre temperaturas elevadas y diversos indicadores de deterioro de la salud mental, incluido el suicidio. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, considera el calor extremo un importante riesgo para la salud y destaca la necesidad de desarrollar estrategias de adaptación.
El mensaje, por tanto, no es que el calor «provoque» violencia o suicidio, sino que las condiciones ambientales forman parte del complejo entramado que determina nuestra salud y nuestro comportamiento. Si las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, será necesario incorporar también sus posibles efectos sobre la salud mental a las políticas de adaptación climática.
Mejorar las viviendas, aumentar las zonas verdes, proteger a los trabajadores expuestos, disponer de sistemas de alerta y reforzar los servicios sanitarios y psicológicos durante episodios de calor son algunas de las medidas que podrían reducir estos riesgos.
En un planeta cada vez más cálido, el termómetro puede convertirse, por tanto, en algo más que un instrumento meteorológico: también puede ser un indicador de salud pública.
Referencia
Hao-Neng Huang et al., Nationwide impact of heat on suicide and homicide in Mexico and Brazil, Nature Mental Health (2026). DOI: 10.1038/s44220-026-00684-8

