Villaluenga del Rosario: contaminación lumínica

Ayer al atardecer estuve en Villaluenga del Rosario, el pueblo más pequeño de la provincia y el más escondido. Me di un paseo a pie avanzando por un camino rural hasta que oscureció y me di la vuelta.

La senda, ascendente en sus últimos tramos, me alejaba del caserío apiñado y blanco.

P. B.

La visión del conjunto cuando no se perdía en una curva del camino, solitario a esa hora, o la impedían las oscuras encinas que lo flanquean, era parcial al principio.

Según subía por el sendero, Villaluenga del Rosario iba mostrándose en su totalidad, tendida al fondo, al pie de los cantiles calizos de un ciclópeo macizo, como si se hubiera clavado en la piedra tras precipitarse desde la altura.

P. B.

La visión del pueblo se iba completando hasta abarcar esa entera figura que resuena en su nombre, y que se encendió en el crepúsculo como lengua de lava, de pronto, a la par que se empequeñecía como si se encogiera a medida que me alejaba en mi ascensión, en contraste con la sierra, que crecía e iba desplegándose en una panorámica cada ve más vasta y abarcadora de unos contornos que se recortaban en lo alto, mostrando su gigantesca y verdadera dimensión.

Observé cómo un alumbrado moderno proyecta su luz blanca sobre los desfiladeros cercanos al pueblo y lo despoja de buena parte de un encanto nocturno que lo hacía parecer tan aislado en la inmensidad de una naturaleza agreste como cercano a un firmamento estrellado, envuelto en la atmósfera de recogimiento y calma que las discretas y cálidas luces urbanas de otro tiempo preservaban como una invitación a una vida más lenta.

Se me vino a la memoria el recuerdo de la única noche que he pasado en ese pueblo a solo doce kilómetros del mío y al que, por caminos de herraduras y veredas que acortan aún más esa distancia, he llegado en ocasiones que no olvido.

Esa única noche que he pasado en Villaluenga del Rosario –a pesar de su cercanía para mí– coincidió con la primera vez que llegué hasta allí andando desde Ubrique.

Entonces era verano y su cielo sembrado de estrellas ya solo palpita en mi memoria fundido con recuerdos amados de un tiempo que se fue.

P. B.
P. B.
P. B.

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